La única sonrisa verdadera eres tú.
El único brazo con fortaleza, es el tuyo.
Los únicos ojos que portan bandera blanca son los tuyos.
Los únicos labios que no pronuncian palabras hirientes, te pertenecen.
Las únicas manos que no se alzan en pos de mi sufrimiento, son las tuyas.
La única mente que no juzga mi conciencia es la tuya.
Los únicos dientes que no chirrían por mis acciones son tuyos.
Los únicos puños que no se cierran en mi presencia finalizan en tus dedos.
La única presencia de la que no tengo que esconderme, es de la tuya.
El único que está dispuesto a esperar pacientemente sentado a que sepa creer en mi, eres tú.
¿Qué es lo que sucede?
¿Es que no considerais, al igual que yo, que siempre estoy dispuesta a tender la mano?
Es posible que yo no esté echa para querer, ni que merezca que me quieran.
/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /
domingo, 30 de octubre de 2011
domingo, 23 de octubre de 2011
Lluvia digna de sol
Con un temblor, alzó el brazo derecho que se encontraba entumecido por el peso de su propia cabeza. Entrecerró los ojos, intentando discernir sus propios miembros. Aún quedaban rastros de tierra bajo sus uñas.
Parecía que se había defendido.
Sin embargo, su ropa estaba rasgada, como si el mismo contexto de la situación le hubiese querido enviar un guiño, indicándole su debilidad.
Se incorporó y se miró las manos, todo llevado a cabo con movimientos excesivamente lentos, como si hubiese estado durmiendo diez años o más. Quizás se trataba de eso.
Sus manos estaban extrañas. Había un leve, casi difuminado, rastro de lo que un día debió ser su sangre derramada. Pero áquellas marcas parecían haber sido frotadas, lavadas a conciencia. Alguien había intentado curarle las heridas pero no lo había conseguido del todo.
Se levantó, con torpeza, y tuvo que colocar los brazos en cruz un momento para guardar el equilibrio.
Cuando lo hizo, se sintió con fuerza para alzar la vista hacia el cielo. En cuanto lo hizo notó que, con un leve esfuerzo, un haz de luz, quizás el sol, intentaba hacerse paso entre las copas de los árboles.
La luz sólamente iluminó una facción de su rostro: Sus ojos, y su nariz respingona. Pero debido a eso, o debido al entumecimiento comenzó a notar un hormigueo en la espalda...Un perezoso cosquilleo que, a la vez que la hacía temblar, parecía querer desnudarla. Algunos rastrojos de su ropa hecha trizas se desprendieron de su cuerpo, sin pudor, y cayeron al suelo sin hacer sonido alguno, sin rozar ni siquiera el tallo de una hoja.
Sin embargo, había otro sonido más que se esparcía cauteloso por aquel claro. Sus oídos se agudizaron, y sus ojos se movieron a una velocidad vertiginosa por todo él, intentando desentrañar si había alguien tras algún voluminoso tronco espiándola.
Y entonces lo vio. Un pequeño destello, un pequeño haz que, aún siendo mucho menos corpóreo y menos visible que los rayos del sol, envió una señal a su cerebro y este, a su vez, ordenó que todo su cuerpo se estremeciera:
-¿Quién eres tú?-Preguntó ella, en un principio, al silencio.
No obstante, pronto unos pies se descubrieron desde detrás de uno de los árboles más frondosos.
Aquel hombre, o ser, o ente, fue dejando un reguero de hojas muertas tras de sí mientras caminaba hacia ella:
-Yo te he curado las heridas.- Ella bajó la vista, pero pronto las manos de aquel desconocido la alzaron la barbilla, sin permitir que sus ojos verdes tocasen el suelo:
-¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?-Él rodó los ojos, buscando en sus recuerdos y los hombros de ella sufrieron otra leve sacudida. Menudo gesto más curioso:
-Algo así como seis meses. He intentado quitarte los rastros de sangre, pero no lo he conseguido del todo.
-No importa, yo solo quiero saber...-Él negó, acallándola, y ella frunció el ceño, con desagrado:
-Nada de lo que quieras saber ahora es importante.- LLevó las manos a la espalda de ella, como en un impulso, como si fuese a abrazarla y los labios de la joven profanaron su orgullo y sus cuerdas vocales dejando escapar un gemido:- Lo único importante es que para curarte debes...- No completó la frase y sus dedos rozaron levemente, con las yemas, la columna vertebral de ella, quien echó la cabeza hacia atrás, movida por una sensación nerviosa, hormigueante, mucho más intensa que las anteriores.
Notó que algo se desprendía de su cuerpo, de su ser, y miró por encima de su hombro, con terror:
-Sé que ahora no lo recuerdas- Escuchó que decía él:- Pero esto es lo que eres.-Las alas que habían brotado de la espalda de la muchacha se movían con lentitud, como ella al despertar, inquietas pero trémulas.
Respondieron enseguida cuando él la tomó de la mano y la obligó a cruzar el bosque corriendo. Los árboles, las quebradizas ramas, apenas eran obstáculos ante su velocidad...Parecían simplemente formar parte de la nada debido a lo rápido que desaparecían ante sus ojos.
De pronto, sus pies se detuvieron y chocó contra la espalda de su improvisado compañero:
-¿Qué pasa?-Inquirió, pero él la tomó de los hombros y la acercó a él. Olía a tierra. A metal. A lluvia. A humo.
Abrió los ojos, y, al hacerlo, él la soltó y la empujó hacia atrás. Y de repente ella comprendió; Habían llegado a la linde del bosque y él la había arrojado desde el precipicio, para que su débil cuerpo machacado por la guerra se viese aplastado contra la ladera.
Buscó sus ojos mientras caía, preguntándose el porqué y entonces lo vió: Aquel destello en sus ojos claros, que ya parecían hasta familiares.
Y recordó su olor. A tierra. A metal. A lluvia...A humo.
A aire.
Respiró una bocanada y alzó los brazos hacia el cielo, como si quisiera abarcarlo todo.
Y entonces sus alas reaccionaron y se vio impulsada hacia arriba...El viento le cortaba la cara, los labios, la despeinaba, le empapelaba el alma con carteles que parecían tener escrita la palabra libertad.
Sonrió y recordó entonces el destello en aquellos ojos verdes. Recordó, sus manos, su tacto e inventó sus labios en su oreja, en su cuello.
Su corazón la asfixió, intentando salir de su pecho. Creyó morir de felicidad inventando su cercanía, su proximidad. Creyó, de manera estúpida, morir de amor:
-¿Cómo pude olvidarme de volar?
Parecía que se había defendido.
Sin embargo, su ropa estaba rasgada, como si el mismo contexto de la situación le hubiese querido enviar un guiño, indicándole su debilidad.
Se incorporó y se miró las manos, todo llevado a cabo con movimientos excesivamente lentos, como si hubiese estado durmiendo diez años o más. Quizás se trataba de eso.
Sus manos estaban extrañas. Había un leve, casi difuminado, rastro de lo que un día debió ser su sangre derramada. Pero áquellas marcas parecían haber sido frotadas, lavadas a conciencia. Alguien había intentado curarle las heridas pero no lo había conseguido del todo.
Se levantó, con torpeza, y tuvo que colocar los brazos en cruz un momento para guardar el equilibrio.
Cuando lo hizo, se sintió con fuerza para alzar la vista hacia el cielo. En cuanto lo hizo notó que, con un leve esfuerzo, un haz de luz, quizás el sol, intentaba hacerse paso entre las copas de los árboles.
La luz sólamente iluminó una facción de su rostro: Sus ojos, y su nariz respingona. Pero debido a eso, o debido al entumecimiento comenzó a notar un hormigueo en la espalda...Un perezoso cosquilleo que, a la vez que la hacía temblar, parecía querer desnudarla. Algunos rastrojos de su ropa hecha trizas se desprendieron de su cuerpo, sin pudor, y cayeron al suelo sin hacer sonido alguno, sin rozar ni siquiera el tallo de una hoja.
Sin embargo, había otro sonido más que se esparcía cauteloso por aquel claro. Sus oídos se agudizaron, y sus ojos se movieron a una velocidad vertiginosa por todo él, intentando desentrañar si había alguien tras algún voluminoso tronco espiándola.
Y entonces lo vio. Un pequeño destello, un pequeño haz que, aún siendo mucho menos corpóreo y menos visible que los rayos del sol, envió una señal a su cerebro y este, a su vez, ordenó que todo su cuerpo se estremeciera:
-¿Quién eres tú?-Preguntó ella, en un principio, al silencio.
No obstante, pronto unos pies se descubrieron desde detrás de uno de los árboles más frondosos.
Aquel hombre, o ser, o ente, fue dejando un reguero de hojas muertas tras de sí mientras caminaba hacia ella:
-Yo te he curado las heridas.- Ella bajó la vista, pero pronto las manos de aquel desconocido la alzaron la barbilla, sin permitir que sus ojos verdes tocasen el suelo:
-¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?-Él rodó los ojos, buscando en sus recuerdos y los hombros de ella sufrieron otra leve sacudida. Menudo gesto más curioso:
-Algo así como seis meses. He intentado quitarte los rastros de sangre, pero no lo he conseguido del todo.
-No importa, yo solo quiero saber...-Él negó, acallándola, y ella frunció el ceño, con desagrado:
-Nada de lo que quieras saber ahora es importante.- LLevó las manos a la espalda de ella, como en un impulso, como si fuese a abrazarla y los labios de la joven profanaron su orgullo y sus cuerdas vocales dejando escapar un gemido:- Lo único importante es que para curarte debes...- No completó la frase y sus dedos rozaron levemente, con las yemas, la columna vertebral de ella, quien echó la cabeza hacia atrás, movida por una sensación nerviosa, hormigueante, mucho más intensa que las anteriores.
Notó que algo se desprendía de su cuerpo, de su ser, y miró por encima de su hombro, con terror:
-Sé que ahora no lo recuerdas- Escuchó que decía él:- Pero esto es lo que eres.-Las alas que habían brotado de la espalda de la muchacha se movían con lentitud, como ella al despertar, inquietas pero trémulas.
Respondieron enseguida cuando él la tomó de la mano y la obligó a cruzar el bosque corriendo. Los árboles, las quebradizas ramas, apenas eran obstáculos ante su velocidad...Parecían simplemente formar parte de la nada debido a lo rápido que desaparecían ante sus ojos.
De pronto, sus pies se detuvieron y chocó contra la espalda de su improvisado compañero:
-¿Qué pasa?-Inquirió, pero él la tomó de los hombros y la acercó a él. Olía a tierra. A metal. A lluvia. A humo.
Abrió los ojos, y, al hacerlo, él la soltó y la empujó hacia atrás. Y de repente ella comprendió; Habían llegado a la linde del bosque y él la había arrojado desde el precipicio, para que su débil cuerpo machacado por la guerra se viese aplastado contra la ladera.
Buscó sus ojos mientras caía, preguntándose el porqué y entonces lo vió: Aquel destello en sus ojos claros, que ya parecían hasta familiares.
Y recordó su olor. A tierra. A metal. A lluvia...A humo.
A aire.
Respiró una bocanada y alzó los brazos hacia el cielo, como si quisiera abarcarlo todo.
Y entonces sus alas reaccionaron y se vio impulsada hacia arriba...El viento le cortaba la cara, los labios, la despeinaba, le empapelaba el alma con carteles que parecían tener escrita la palabra libertad.
Sonrió y recordó entonces el destello en aquellos ojos verdes. Recordó, sus manos, su tacto e inventó sus labios en su oreja, en su cuello.
Su corazón la asfixió, intentando salir de su pecho. Creyó morir de felicidad inventando su cercanía, su proximidad. Creyó, de manera estúpida, morir de amor:
-¿Cómo pude olvidarme de volar?
Gracias a todos por darme alas. Gracias Alex, Sara, Raquel, Diego...
Para ti, Alejandro. Gracias.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Number five
Parece un estanque rebosante de calma y de vida. Parece ser una ventana abierta a un cúmulo de agua cristalina.
Tus ojos verdes, lloran porque creen que haces las cosas mal. Tus ojos, estan equivocados en eso y en ver algo bueno en mi, príncipe.
Esta trovadora, sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Esta trovadora tiene los dedos cubiertos de ampollas porque no puede dejar de escribir, de tocar. Sus dedos mueren por tocar tu piel, sus dedos lloran sangre solo de imaginar tu piel lejos de ella, mueren de deseo por el solo hecho de imaginarte.
Esta trovadora sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Sabe que todo lo que tus ojos claros miran, se vuelve del mismo color que tus lágrimas: cristalino, también húmedo, e indudablemente suave e inexperto. Puro. Aquello que miras parecerá pequeño y grande a la par, como una colina que se sabe más pequeña que las demás, o como la mano de un niño apoyada sobre una enorme superficie de arena.
Todo lo que tú tocas, todo lo que miras, es algo pequeño, destacante, llamativo, dulce, puro...Como tus lágrimas.
Y esta trovadora se estremece cada vez que ve llorar a su príncipe, no porque éste sea su soberano...Sino porque es de esa clase de gente humilde que piensa que algo tan valioso no debería ser derramado ni en un millón de años. Este humilde músico, esta humilde escritora cree que las lágrimas de su príncipe podrían dar de beber a docenas de personas sedientas en el desierto. Sin embargo, es demasiado cobarde como para asomarse siquiera a contemplarlas, y prefiere esconderse en las sombras.
Es tan cobarde, que prefiere refugiarse en su propia sombra, quizás pensar alguna frase con rima que escribir, mirar más allá de ti, y susurrar palabras de amor.
Tus ojos verdes, lloran porque creen que haces las cosas mal. Tus ojos, estan equivocados en eso y en ver algo bueno en mi, príncipe.
Esta trovadora, sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Esta trovadora tiene los dedos cubiertos de ampollas porque no puede dejar de escribir, de tocar. Sus dedos mueren por tocar tu piel, sus dedos lloran sangre solo de imaginar tu piel lejos de ella, mueren de deseo por el solo hecho de imaginarte.
Esta trovadora sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Sabe que todo lo que tus ojos claros miran, se vuelve del mismo color que tus lágrimas: cristalino, también húmedo, e indudablemente suave e inexperto. Puro. Aquello que miras parecerá pequeño y grande a la par, como una colina que se sabe más pequeña que las demás, o como la mano de un niño apoyada sobre una enorme superficie de arena.
Todo lo que tú tocas, todo lo que miras, es algo pequeño, destacante, llamativo, dulce, puro...Como tus lágrimas.
Y esta trovadora se estremece cada vez que ve llorar a su príncipe, no porque éste sea su soberano...Sino porque es de esa clase de gente humilde que piensa que algo tan valioso no debería ser derramado ni en un millón de años. Este humilde músico, esta humilde escritora cree que las lágrimas de su príncipe podrían dar de beber a docenas de personas sedientas en el desierto. Sin embargo, es demasiado cobarde como para asomarse siquiera a contemplarlas, y prefiere esconderse en las sombras.
Es tan cobarde, que prefiere refugiarse en su propia sombra, quizás pensar alguna frase con rima que escribir, mirar más allá de ti, y susurrar palabras de amor.
sábado, 17 de septiembre de 2011
18#
Mi fortaleza, mi entereza, mis ganas de quedar de pie se evaporan junto con el calor que dejan tus lágrimas sobre tus mejillas, una vez derramadas.
Cual guerrero que incendia sus puños en fuego , ensangrentando su alma con las huellas de la rabia, la pasión y la ceguera que produce la impotencia. Conozco el sentimiento de ese hombre que deja aletear las prendas que lleva colgadas al cuello y a los hombros contra el viento, sin miedo a perderlas,la neutralidad en sus ojos no es algo nuevo para mí; Parece que contempla una ciudad en ruinas, edificios derruidos por el impacto que generó contra ellos la risa sedienta de sangre escapando de los labios de la guerra. Parece que mira los cuerpos derretidos por el miedo a la muerte de miles de personas carbonizadas por las balas.
Parece que observa el mar siendo abatido por la energía de los rayos. Parece que se ha quedado intoxicado por los vapores del desasosiego, mirando sin ver, un campo que, habiendo sido cultivado antes, ahora es solo algo yermo y muerto debido a la enfermedad, a la sequía.
Y sin embargo, ese guerrero únicamente ha visto las lágrimas de aquella persona a la que desea proteger. Las lágrimas se deslizan por sobre sus mejillas, con amargura, y el dolor hace que aquel luchador, sea vencido y carcomido por sus propios fantasmas.
Ese dolor no es nada nuevo para mí.
Mis ganas de luchar son debidas a tus sueños, a tu alegría, a tu manera de hablar.
Y, a pesar de que aún no estoy preparada para ver tus lágrimas de nuevo, sé, como aquel hombre que aún no conoce todo de sí mismo pero que ansía el conocimiento, que algún día lo estaré.
Lo que sí tengo por seguro es que tus lágrimas van a ser contadas.
Cual guerrero que incendia sus puños en fuego , ensangrentando su alma con las huellas de la rabia, la pasión y la ceguera que produce la impotencia. Conozco el sentimiento de ese hombre que deja aletear las prendas que lleva colgadas al cuello y a los hombros contra el viento, sin miedo a perderlas,la neutralidad en sus ojos no es algo nuevo para mí; Parece que contempla una ciudad en ruinas, edificios derruidos por el impacto que generó contra ellos la risa sedienta de sangre escapando de los labios de la guerra. Parece que mira los cuerpos derretidos por el miedo a la muerte de miles de personas carbonizadas por las balas.
Parece que observa el mar siendo abatido por la energía de los rayos. Parece que se ha quedado intoxicado por los vapores del desasosiego, mirando sin ver, un campo que, habiendo sido cultivado antes, ahora es solo algo yermo y muerto debido a la enfermedad, a la sequía.
Y sin embargo, ese guerrero únicamente ha visto las lágrimas de aquella persona a la que desea proteger. Las lágrimas se deslizan por sobre sus mejillas, con amargura, y el dolor hace que aquel luchador, sea vencido y carcomido por sus propios fantasmas.
Ese dolor no es nada nuevo para mí.
Mis ganas de luchar son debidas a tus sueños, a tu alegría, a tu manera de hablar.
Y, a pesar de que aún no estoy preparada para ver tus lágrimas de nuevo, sé, como aquel hombre que aún no conoce todo de sí mismo pero que ansía el conocimiento, que algún día lo estaré.
Lo que sí tengo por seguro es que tus lágrimas van a ser contadas.
martes, 13 de septiembre de 2011
Fotografije
Como una bajada de presión o una sensación de desmayo.
Prominentemente latente. Destacado sin igual.
Como unos pinchazos suaves pero penetrantes que dejan una sensación de mareo. Esos pinchazos se internan en ti desde la cabeza, pasan con virulencia por el estómago, producen cosquilleos en la punta de los pies.
Esa sería para un médico mi manera de definir lo que me hace sentir el solo vistazo a una foto tuya.
¿Una foto, pensarás?
Sí. Porque con una foto mi imaginación es capaz de traer al tú verdadero, al de carne y hueso hasta mí de manera más o menos corpórea.
Sin embargo, en eso reside el amor: En la sonrisa que se escapa de los ojos al mirarte en imágenes y al desasosiego que produce en mi propio cuerpo el saber tu ausencia.
Prominentemente latente. Destacado sin igual.
Como unos pinchazos suaves pero penetrantes que dejan una sensación de mareo. Esos pinchazos se internan en ti desde la cabeza, pasan con virulencia por el estómago, producen cosquilleos en la punta de los pies.
Esa sería para un médico mi manera de definir lo que me hace sentir el solo vistazo a una foto tuya.
¿Una foto, pensarás?
Sí. Porque con una foto mi imaginación es capaz de traer al tú verdadero, al de carne y hueso hasta mí de manera más o menos corpórea.
Sin embargo, en eso reside el amor: En la sonrisa que se escapa de los ojos al mirarte en imágenes y al desasosiego que produce en mi propio cuerpo el saber tu ausencia.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Será."
-¿Qué sucede?
-Será la tristeza.
-¿Simplemente?
-Creo que hay algo frustrante en mi interior.
-¿Es una sensación, un hecho o un sentimiento?
-Un sentimiento, claramente.
-¿Estás segura de que no puedes seguir adelante con él a cuestas?
-Estoy segura.
-¿A qué se debe esa rontudidad?
-A nada en particular. Quizás a la desesperanza. La vida te da distintas oportunidades y yo no he triunfado en ninguna.
-¿No crees que eres un poco dura contigo misma? ¿Que las cosas pueden mejorar?
-No. Eso no va a ocurrir. LLevo soñando muchos años, y cuando finalmente se me presenta una oportunidad de despertarme, no me suena el reloj. Tengo la sensación de haberme quedado dormida ante la vida.
-¿Dormida? ¿Es que no tienes voluntad?
-La voluntad surge de los que se sienten acompañados. De los que tienen el corazón lleno.Yo, sin embargo, puedo afirmar que el mío esta vacío, cubierto con un envoltorio de papel. Pensaba que, aunque me costase su tiempo, realizaría mi sueño. Pero por lo visto, mi futuro es un sueño. Tampoco es que pueda hablar de sangre. Mi sangre, ha muerto...Y lo que queda viva de ella no tiene puesta mucha fe en mi. Los padres, a menudo, se sienten orgullosos de sus hijos cuando cumplen lo que se esperaba de ellos; En mi caso no es así. En mi caso, no hay más que exigencias o reproches... Es posible que tampoco haya triunfado en el amor. Una vez me sentí acompañada y mi propio corazón lo desechó. Ahora, podría decir que soy feliz. Pero sólamente cuando no pienso en que siempre voy a ser algo reemplazable, una pieza más, y no una pieza fundamental. Que es lo que he sido siempre para el mundo.
-¿Vives?
-Vivo muriendo.
-Eso es triste.
-Eso es el pan de cada día de muchas personas. Eso es vivir.
-Será la tristeza.
-¿Simplemente?
-Creo que hay algo frustrante en mi interior.
-¿Es una sensación, un hecho o un sentimiento?
-Un sentimiento, claramente.
-¿Estás segura de que no puedes seguir adelante con él a cuestas?
-Estoy segura.
-¿A qué se debe esa rontudidad?
-A nada en particular. Quizás a la desesperanza. La vida te da distintas oportunidades y yo no he triunfado en ninguna.
-¿No crees que eres un poco dura contigo misma? ¿Que las cosas pueden mejorar?
-No. Eso no va a ocurrir. LLevo soñando muchos años, y cuando finalmente se me presenta una oportunidad de despertarme, no me suena el reloj. Tengo la sensación de haberme quedado dormida ante la vida.
-¿Dormida? ¿Es que no tienes voluntad?
-La voluntad surge de los que se sienten acompañados. De los que tienen el corazón lleno.Yo, sin embargo, puedo afirmar que el mío esta vacío, cubierto con un envoltorio de papel. Pensaba que, aunque me costase su tiempo, realizaría mi sueño. Pero por lo visto, mi futuro es un sueño. Tampoco es que pueda hablar de sangre. Mi sangre, ha muerto...Y lo que queda viva de ella no tiene puesta mucha fe en mi. Los padres, a menudo, se sienten orgullosos de sus hijos cuando cumplen lo que se esperaba de ellos; En mi caso no es así. En mi caso, no hay más que exigencias o reproches... Es posible que tampoco haya triunfado en el amor. Una vez me sentí acompañada y mi propio corazón lo desechó. Ahora, podría decir que soy feliz. Pero sólamente cuando no pienso en que siempre voy a ser algo reemplazable, una pieza más, y no una pieza fundamental. Que es lo que he sido siempre para el mundo.
-¿Vives?
-Vivo muriendo.
-Eso es triste.
-Eso es el pan de cada día de muchas personas. Eso es vivir.
viernes, 26 de agosto de 2011
La aventura enterna
Matt:
Como algo externo a ti, te diré, que veo aquello que te recubre completamente.
Como algo interno a ti, te diré, que soy consciente de lo metido que estás en esa espiral.
¿De qué color es?
Negra , podría decir cualquiera al que le gustasen las similitudes fáciles, la comparaciones entre los problemas y la oscuridad.
Yo, como cualquier otra persona que haya estado dentro, diría que es multicolor. Esto es debido a que cada día es de un color, cada día te sumerge en un universo distinto...Hay días en los que te hace levantarte de la cama con una sonrisa, hay noches en las que lloras, hay días en los que te levantas porque tus piernas te han obligado y tu cerebro las ha obligado a ellas, hay noches en las que duermes por puro agotamiento...
Sin embargo, y a pesar de esto, todos los días tienen un mismo tinte: Todo tiene tan poco sentido.
Enredas los dedos y mesas tu cabello en busca de alguna sensación que sea más fuerte que el dolor, que la impotencia. Buscas algo afilado que juntar con tu sangre. Buscas a alguien con unas manos cálidas que sostengan tus lágrimas y a quien no se le escurran entre los dedos.
Todo eso no existe. Sólo hay cabida para la desesperación en tu pecho.
No obstante, déjame decirte, Matt, que todo esto es una ilusión. Todo eso que tú ves ahora, todo eso que no ves, ha sido creado por un ser más inteligente que tú y que yo. Has sido rocíado por unos polvos, como bien te he dicho, multicolores, que crean en ti falsas sensaciones de desesperanza. Aquel hada que está intentando escapar de ti solo quiere que madures, que crezcas, que aprendas, por eso pretende confundirte. Ese hada que es tu destino tiene una misión clara, y es que la persigas: Para ello te pondrá pedruscos enormes en el camino, cortará los puentes y te dejará sin energías.
Pero has de seguirla porque siempre, de alguna o de otra manera, verás su cola.
Has de seguirla porque te merece la pena, porque así es la vida.
Es la aventura eterna. Tu aventura eterna.
~~
Como algo externo a ti, te diré, que veo aquello que te recubre completamente.
Como algo interno a ti, te diré, que soy consciente de lo metido que estás en esa espiral.
¿De qué color es?
Negra , podría decir cualquiera al que le gustasen las similitudes fáciles, la comparaciones entre los problemas y la oscuridad.
Yo, como cualquier otra persona que haya estado dentro, diría que es multicolor. Esto es debido a que cada día es de un color, cada día te sumerge en un universo distinto...Hay días en los que te hace levantarte de la cama con una sonrisa, hay noches en las que lloras, hay días en los que te levantas porque tus piernas te han obligado y tu cerebro las ha obligado a ellas, hay noches en las que duermes por puro agotamiento...
Sin embargo, y a pesar de esto, todos los días tienen un mismo tinte: Todo tiene tan poco sentido.
Enredas los dedos y mesas tu cabello en busca de alguna sensación que sea más fuerte que el dolor, que la impotencia. Buscas algo afilado que juntar con tu sangre. Buscas a alguien con unas manos cálidas que sostengan tus lágrimas y a quien no se le escurran entre los dedos.
Todo eso no existe. Sólo hay cabida para la desesperación en tu pecho.
No obstante, déjame decirte, Matt, que todo esto es una ilusión. Todo eso que tú ves ahora, todo eso que no ves, ha sido creado por un ser más inteligente que tú y que yo. Has sido rocíado por unos polvos, como bien te he dicho, multicolores, que crean en ti falsas sensaciones de desesperanza. Aquel hada que está intentando escapar de ti solo quiere que madures, que crezcas, que aprendas, por eso pretende confundirte. Ese hada que es tu destino tiene una misión clara, y es que la persigas: Para ello te pondrá pedruscos enormes en el camino, cortará los puentes y te dejará sin energías.
Pero has de seguirla porque siempre, de alguna o de otra manera, verás su cola.
Has de seguirla porque te merece la pena, porque así es la vida.
Es la aventura eterna. Tu aventura eterna.
~~
jueves, 25 de agosto de 2011
16
Cuando abrió los ojos, aún podía tocar con la yema de los dedos el sopor y la peliaguda atmósfera que recubre siempre los sueños.
Sentía frío. Era el tacto de la sábana en torno a su brazo y su espalda descubierta. No había rayo de luz alguno que se colase aún por el ventanuco de la pequeña habitación.
Bajó la cabeza, con cuidado de no hacer movimientos bruscos para no despertarle. Ni siquiera tenía ganas de ponerse a buscar la manta; Con el movimiento, la desesperación y el amor habría acabado, seguramente, tirada en el suelo sin cuidado.
Entonces notó que él a su espalda, se movía, obviamente soñando. Se separó un poco. El calor le había bajado desde el pecho hasta conseguir hacerla sudar. Quizás el frío repentino que había sentido no se debía a la madrugada, quizás era por otra cosa.
Notó como él se aproximaba, naturalmente por inercia, y la rodeaba con el brazo.
Entonces, volvió a cerrar los ojos y el día regresó a su memoria como a fotogramas y a una velocidad sobrehumana, como la de un atleta bien preparado.
Recordaba sus propios ojos vidriosos a causa del vídeo que habían hecho para ella, a causa de los dibujos.
Recordó los zapatos, los peluches, los papeles de regalo, las sonrisas, las cañas bien frías, los palillos chinos, la tarta plagada de fresas, los abrazos, sus besos.
Abrió los ojos y, entre la negrura de la habitación, se pudo distinguir a sí misma avanzando por la cabaña henchida de sensaciones. Hacía tantos años que no sentía aquel olor. Hacía tantos años que no sentía la lejanía de la ciudad.
Hacía tantos años que no se sentía...tan bien.
Y ahí estaba la luna de nuevo, como hacía unas horas, unos minutos, unos, ¿segundos?
No sabía calcular cuánto tiempo había pasado, tampoco tenía intención. Notaba su brazo rodearla, cálido. Era cálido, como lo eran sus manos sobre ella, o su aliento en su oreja susurrando palabras inconexas.
Junto a él era capaz de escuchar el sonido de una flauta de pan en las montañas, escuchaba el sonido de un piano resonando en una sala vacía, alcanzaba a ver el sol aunque éste todavía no hubiese salido.
Quizás aquellas imágenes eran producto de un sueño.
Pero qué bien se soñaba a su lado.
Sentía frío. Era el tacto de la sábana en torno a su brazo y su espalda descubierta. No había rayo de luz alguno que se colase aún por el ventanuco de la pequeña habitación.
Bajó la cabeza, con cuidado de no hacer movimientos bruscos para no despertarle. Ni siquiera tenía ganas de ponerse a buscar la manta; Con el movimiento, la desesperación y el amor habría acabado, seguramente, tirada en el suelo sin cuidado.
Entonces notó que él a su espalda, se movía, obviamente soñando. Se separó un poco. El calor le había bajado desde el pecho hasta conseguir hacerla sudar. Quizás el frío repentino que había sentido no se debía a la madrugada, quizás era por otra cosa.
Notó como él se aproximaba, naturalmente por inercia, y la rodeaba con el brazo.
Entonces, volvió a cerrar los ojos y el día regresó a su memoria como a fotogramas y a una velocidad sobrehumana, como la de un atleta bien preparado.
Recordaba sus propios ojos vidriosos a causa del vídeo que habían hecho para ella, a causa de los dibujos.
Recordó los zapatos, los peluches, los papeles de regalo, las sonrisas, las cañas bien frías, los palillos chinos, la tarta plagada de fresas, los abrazos, sus besos.
Abrió los ojos y, entre la negrura de la habitación, se pudo distinguir a sí misma avanzando por la cabaña henchida de sensaciones. Hacía tantos años que no sentía aquel olor. Hacía tantos años que no sentía la lejanía de la ciudad.
Hacía tantos años que no se sentía...tan bien.
Y ahí estaba la luna de nuevo, como hacía unas horas, unos minutos, unos, ¿segundos?
No sabía calcular cuánto tiempo había pasado, tampoco tenía intención. Notaba su brazo rodearla, cálido. Era cálido, como lo eran sus manos sobre ella, o su aliento en su oreja susurrando palabras inconexas.
Junto a él era capaz de escuchar el sonido de una flauta de pan en las montañas, escuchaba el sonido de un piano resonando en una sala vacía, alcanzaba a ver el sol aunque éste todavía no hubiese salido.
Quizás aquellas imágenes eran producto de un sueño.
Pero qué bien se soñaba a su lado.
lunes, 15 de agosto de 2011
Cumpleaños marzo, agosto.
Apoyados en la mesa, de cualquier manera el tiempo pasaba despacio y rápido al mismo tiempo. Reían, de vez en cuando, se preguntaban dónde podrían estar los demás.
Cogió el móvil y llamó.
5 minutos.
Sonrió, rió, se desternilló...Pero ahí estaba aquel chaval, con ella, en la barra, como dos espejismos fusionados en uno, con sus bocas rozándose, haciendo astillas su corazón...
La entrada de sus amigos la hizo adelantar un poco su cabeza, su ser, sus intenciones. La hizo volar el tontear con ellos, como antes...Pero él detuvo el tiempo de nuevo.
Uno de sus amigos volvía del otro rincón del bar con una cara extraña. Quizás de circunstancias:
"Alguien por ahí detrás pregunta que si tienes novio"...Suspiro. No era el mejor día para aquello. Ni siquiera sentía el esperado llamar del ego dentro de su pecho, su afán de su superioridad, su egoísmo. Sólo quería cerrar los ojos y dejar de escuchar.
Hubo idas y venidas. Hubo una presentación, hubo dos besos, quizás una palabras amables... Y después a volver a reír con Sara. ¿Quizás aquellas eran falsas, vacías?...Era posible, ya no es capaz de recordar aquello.
Lo único que puede recordar es girarse debido a una voz casi desconocida y amable que le murmuró:
"Eh, que te están hablando"
Recuerda sus dos preguntas, que, ahora, considera esenciales. Entonces, alzó las cejas y se lamentó del pobre chaval que estaba ante ella esperando que fuese capaz de asentir.
Ella no quería otros labios, ni otras manos, y no pensaba que fuese a cambiar nunca más...Ahora, reconoce, que no quiere otros labios ni otras manos que las de aquel pobre chaval que bebió de su anuk, que se quedó plantado ante ella con la espalda rozando la columna que partía el garito en dos, que la sonrió y la habló de música, que la ofreció dormir junto a él, que la ofreció pasar un buen rato.
Reconoce que guarda con cariño sus propios labios contra su mejilla, gesto que dejó únicamente de testigo el sonoro beso que solo ella pudo escuchar y que la música se encargó de tapar.
Él no esperaba eso, y eso era lo máximo que ella estaba dispuesta a darle.
Ahora reconoce, sin embargo, que sería capaz de dar hasta la última gota de vida por aquel pobre chaval que, comenzando por un trago de anuk y un intento de beso, logró hacerla olvidar.
Cogió el móvil y llamó.
5 minutos.
Sonrió, rió, se desternilló...Pero ahí estaba aquel chaval, con ella, en la barra, como dos espejismos fusionados en uno, con sus bocas rozándose, haciendo astillas su corazón...
La entrada de sus amigos la hizo adelantar un poco su cabeza, su ser, sus intenciones. La hizo volar el tontear con ellos, como antes...Pero él detuvo el tiempo de nuevo.
Uno de sus amigos volvía del otro rincón del bar con una cara extraña. Quizás de circunstancias:
"Alguien por ahí detrás pregunta que si tienes novio"...Suspiro. No era el mejor día para aquello. Ni siquiera sentía el esperado llamar del ego dentro de su pecho, su afán de su superioridad, su egoísmo. Sólo quería cerrar los ojos y dejar de escuchar.
Hubo idas y venidas. Hubo una presentación, hubo dos besos, quizás una palabras amables... Y después a volver a reír con Sara. ¿Quizás aquellas eran falsas, vacías?...Era posible, ya no es capaz de recordar aquello.
Lo único que puede recordar es girarse debido a una voz casi desconocida y amable que le murmuró:
"Eh, que te están hablando"
Recuerda sus dos preguntas, que, ahora, considera esenciales. Entonces, alzó las cejas y se lamentó del pobre chaval que estaba ante ella esperando que fuese capaz de asentir.
Ella no quería otros labios, ni otras manos, y no pensaba que fuese a cambiar nunca más...Ahora, reconoce, que no quiere otros labios ni otras manos que las de aquel pobre chaval que bebió de su anuk, que se quedó plantado ante ella con la espalda rozando la columna que partía el garito en dos, que la sonrió y la habló de música, que la ofreció dormir junto a él, que la ofreció pasar un buen rato.
Reconoce que guarda con cariño sus propios labios contra su mejilla, gesto que dejó únicamente de testigo el sonoro beso que solo ella pudo escuchar y que la música se encargó de tapar.
Él no esperaba eso, y eso era lo máximo que ella estaba dispuesta a darle.
Ahora reconoce, sin embargo, que sería capaz de dar hasta la última gota de vida por aquel pobre chaval que, comenzando por un trago de anuk y un intento de beso, logró hacerla olvidar.
jueves, 11 de agosto de 2011
Hallelujah
La noche cerrada escondía las calles. Cubría todo, por todas partes...Separaba su piel de su propio ser. Se sentía más unida a aquella honda oscuridad que a ella misma.
¿A qué demonios olía aquel callejón, aquella esquina donde tenía apoyada la espalda?
Olía a alcohol rancio. Quizás no era la botella rota y esparcida por el suelo...Quizás era el tipo que se aproximaba hacia ella.
Tipo: aquella palabra estaba llena de conjeturas...Era sólo una sombra que se perfilaba contra la oscuridad. Negro dentro de otra capa de negro, al igual que sucedía con su corazón.
La silueta murmuró algo cuando pasó por su lado. Ella cerró los ojos... Notó incluso, como la mano húmeda y pegajosa de aquella persona la tocaba el hombro.
Abrió los ojos y encontró que la silueta se alejaba hasta encontrarse con la figura del callejón. Encontró que, simplemente y muy probablemente, había sido un amargo deseo. Un vago reflejo de su propia imaginación que, aún lúcida y a pesar de la embriaguez, anhelaba ser tocada para poder renacer.
Porque, días, meses, años atrás, la imaginación era lo único que era capaz de salvarla de la realidad.
Extendió los brazos y bajó la mirada intentando vislumbrarlos, sin éxito.
Intuía, sin embargo, los regueros de sangre que aún fluían por ellos...Estaban comenzando a secar
La imaginación, antiguamente, conseguía rescatarla del vacío, de la insatisfacción, de la angustia, de la desesperación. Ahora, sin embargo, con las venas llenas de heroína y el rostro perlado por aquella oscuridad naciente de la mala ilunimación de las calles de Madrid, su imaginación, sus libros, habían muerto para siempre.
Y sin ello, el fin. Porque era su imaginación quien la despertaba, la rescataba...La dejaba prisionera, la empujaba hacia delante y la separaba de los dedos de la muerte, que todas las noches, al tratar de agarrarla la dejaba moretones irregulares en los brazos.
Por aquellos brazos por los cuales, ahora, solo fluía sangre, cada vez más lenta.
¿A qué demonios olía aquel callejón, aquella esquina donde tenía apoyada la espalda?
Olía a alcohol rancio. Quizás no era la botella rota y esparcida por el suelo...Quizás era el tipo que se aproximaba hacia ella.
Tipo: aquella palabra estaba llena de conjeturas...Era sólo una sombra que se perfilaba contra la oscuridad. Negro dentro de otra capa de negro, al igual que sucedía con su corazón.
La silueta murmuró algo cuando pasó por su lado. Ella cerró los ojos... Notó incluso, como la mano húmeda y pegajosa de aquella persona la tocaba el hombro.
Abrió los ojos y encontró que la silueta se alejaba hasta encontrarse con la figura del callejón. Encontró que, simplemente y muy probablemente, había sido un amargo deseo. Un vago reflejo de su propia imaginación que, aún lúcida y a pesar de la embriaguez, anhelaba ser tocada para poder renacer.
Porque, días, meses, años atrás, la imaginación era lo único que era capaz de salvarla de la realidad.
Extendió los brazos y bajó la mirada intentando vislumbrarlos, sin éxito.
Intuía, sin embargo, los regueros de sangre que aún fluían por ellos...Estaban comenzando a secar
La imaginación, antiguamente, conseguía rescatarla del vacío, de la insatisfacción, de la angustia, de la desesperación. Ahora, sin embargo, con las venas llenas de heroína y el rostro perlado por aquella oscuridad naciente de la mala ilunimación de las calles de Madrid, su imaginación, sus libros, habían muerto para siempre.
Y sin ello, el fin. Porque era su imaginación quien la despertaba, la rescataba...La dejaba prisionera, la empujaba hacia delante y la separaba de los dedos de la muerte, que todas las noches, al tratar de agarrarla la dejaba moretones irregulares en los brazos.
Por aquellos brazos por los cuales, ahora, solo fluía sangre, cada vez más lenta.
De pronto, como si Dios hubiese concertado una cita con su cerebro, un relámpago iluminó las calles de la ciudad, dejando la oscuridad por un breve y enloquecedor segundo.
Y de pronto se encendieron millones de velas sujetas a ninguna parte, una música ensordecedora y brillante ascendió y descendió desde el cielo mismo, atronadora, millones de sombras se entremezclaron y se complementaron para dejar paso a la luz... Quizás era la droga.
O quizás era que había comenzado a llover.
Aquella lluvía caía sobre su rostro, lo hacía parecer más frágil de lo que ya era. Se deslizaba por sobre sus mejillas, caía al suelo, le empapaba la ropa, se fusionaba con su sangre...La limpiaba por dentro. Era demasiado fuerte. Podía con su cuerpo, la derrumbaba sobre el pavimento del callejón, podía con su corazón.
La hacía llorar, la hacía derramar lágrimas, amargas lágrimas, como nunca había expirado.
La hacía vivir, por fin; La hacía morir.
Y de pronto se encendieron millones de velas sujetas a ninguna parte, una música ensordecedora y brillante ascendió y descendió desde el cielo mismo, atronadora, millones de sombras se entremezclaron y se complementaron para dejar paso a la luz... Quizás era la droga.
O quizás era que había comenzado a llover.
Aquella lluvía caía sobre su rostro, lo hacía parecer más frágil de lo que ya era. Se deslizaba por sobre sus mejillas, caía al suelo, le empapaba la ropa, se fusionaba con su sangre...La limpiaba por dentro. Era demasiado fuerte. Podía con su cuerpo, la derrumbaba sobre el pavimento del callejón, podía con su corazón.
La hacía llorar, la hacía derramar lágrimas, amargas lágrimas, como nunca había expirado.
La hacía vivir, por fin; La hacía morir.
domingo, 31 de julio de 2011
Ljubezem
Entre el sonido de la guitarra, te odio.
Abro los ojos y me pregunto: ¿Hoy te voy a ver?...Entre esos primeros pensamientos, te odio.
Eres como una luz demasiado fuerte...Entre esos rayos de luz distorsionados, te odio.
Me da la sensación de que contigo solo puedo perder.
Odio cada fibra de tu ser, inspirada por el simple miedo, ya que se...Que nunca me podré alejar de ti.
Me abrazo a la almohada y noto tu ausencia...Entre esa medio soledad, te odio.
Me abrazo a tu pecho cuando reposas la cabeza en mi almohada...Cuando te levantas, no me miras, te vistes...Con esa molesta sensación de soledad en la piel desnuda, te odio.
Odio cada milímetro de tu piel...Odio tu olor, tus ojos claros y tu voz grave.
Odio cada día que paso, porque el transcurrir de las horas sólo provocan intensificar mis sentimientos hacia ti.
Y los dos sabemos, que debería alejarme. En realidad los dos sabemos que no me voy a poder alejar de ti...
Y durmiendo con tu voz resonando en mi oído que me quieres, y embriagada por las dudas...Me duermo odiándote.
Abro los ojos y me pregunto: ¿Hoy te voy a ver?...Entre esos primeros pensamientos, te odio.
Eres como una luz demasiado fuerte...Entre esos rayos de luz distorsionados, te odio.
Me da la sensación de que contigo solo puedo perder.
Odio cada fibra de tu ser, inspirada por el simple miedo, ya que se...Que nunca me podré alejar de ti.
Me abrazo a la almohada y noto tu ausencia...Entre esa medio soledad, te odio.
Me abrazo a tu pecho cuando reposas la cabeza en mi almohada...Cuando te levantas, no me miras, te vistes...Con esa molesta sensación de soledad en la piel desnuda, te odio.
Odio cada milímetro de tu piel...Odio tu olor, tus ojos claros y tu voz grave.
Odio cada día que paso, porque el transcurrir de las horas sólo provocan intensificar mis sentimientos hacia ti.
Y los dos sabemos, que debería alejarme. En realidad los dos sabemos que no me voy a poder alejar de ti...
Y durmiendo con tu voz resonando en mi oído que me quieres, y embriagada por las dudas...Me duermo odiándote.
martes, 26 de julio de 2011
La senda del tiempo
Querida Sam:
Sé, y no necesito dos palabras para confirmarlo, que quieres morir.
Sé, mejor que tú y mejor que nadie de tu alrededor, que crees que esa persona ha muerto dentro de ti.
Sé, que te gustaría abandonarte al dolor.
Soy consciente de que tu mundo ha sufrido un cataclismo del que es complicado que se recupere. También, que se ha partido en dos...Debido a ello te has visto obligada a separar las piernas y a caer de improviso: De manera injusta, sin previo aviso y con las venas abiertas.
No hay nadie por las calles, sé que las ves vacías...Sé que se ha aposentado un nudo en tu garganta que te recuerda todos los días, de manera deliberada, que tienes las manos atadas. Levantas la mirada y no te es difícil comprobar que ni siquiera llueve. El sol parece haber huido, como el horizonte...El cual, ahora, tiene un límite.
Está tan bien definido que te da miedo porque no ves más allá.
Adorada Sam, no sientas miedo.
Levántate, Sam, has de hacerlo. Quizás no tengas manos que te ayuden a hincar las rodillas...Quizás no haya nadie que te ayude a enterrar el hacha. Quizás sientes que al abrir la boca, tus gritos no te escuchan. Tus ojos se llenan de lágrimas y cuando te las llevas las manos a las mejillas tus dedos han sido lamidos por la sangre.
Sin embargo, ¿Quién es Sam?
Sam es aquella que pone los ojos en el ordenador y no los despega hasta que sus manos no dejan de sentir el impulso de las palabras.
Sam es aquella que sonríe, y que espera tranquilizar a los demás.
Sam es aquella que la vió morir y que creyó morir con ella...Pero que sin embargo lo único que recibió fueron ganas de vivir.
No tengas miedo. Sé que crees que mereces tu felicidad ahora, sé que crees que mereces un poco, una pequeña dosis para subsistir.
Pero no la mereces.
Tal y como sé tantas cosas, sé que hay alguien que te está vigilando...Ese alguien quiere que padezcas y que aprietes los dientes.
¿Sabes porqué?
Porque, en un futuro, alzarás la cabeza y comprobarás que cada rayo de sol que te ciega lo has puesto tú en el cielo. Esas nubes que anuncian tempestad las has producido tú, es posible que con un suspiro...Tan sólo con respirar. Quizás porque te cansaste de un sol incesante.
Ahora te despiertas por las noches y te cuesta cerrar los ojos...Pero eso es ahora.
Tú bien sabes, como yo, que un día tendrás una casa para ti. Es posible que no puedas pegar ojo porque te despierten los ladridos de un perro, o por el inquieto movimiento de un pájaro deseando ser liberado de su jaula. Posiblemente por aquella mano que tanto deseas sobre tu cuerpo.
Algún día, alzarás la cabeza y te dolerá el rostro de sonreír. Algún día tu voz será compañera incondicional de un micrófono.
Algún día sabrás que ha merecido la pena tu sufrimiento durante este año, el siguiente, quizás el que viene...Probablemente durante media vida.
Olvídate del miedo, amiga, no necesitas ese miedo ni necesitas envidia ni coraje ante nadie. No necesitas papeles que te confirmen quién eres tú...Eres eso desde el primer momento en el que plasmaste una palabra en un papel, desde que los ojos de la gente del metro se posaban en ti divertidos al verte leer a una edad tan temprana, desde aquellas tardes muertas pensando en nuevos personajes, desde tu despertar y tu sueño día a día acompañada del murmullo de la radio, desde aquel día en el que cumpliste once años y se lo susurraste a un micrófono en directo.
¿Quién es Sam, pues?
Sam es, desde hace mucho tiempo, demasiado, lo que quiere ser. Porque esta impregnado en esa sangre que ha manchado sus dedos, en esa sangre que se ha esparcido por el suelo y en ese hacha que permanece clavada en la tierra, con el filo manchado de desesperación, de gritos de guerra.
Escúchame, Sam, léeme...No sientas miedo.
Yo sé lo que tú eres, y eso nunca va a cambiar. Tú vas a ser feliz.
Sé, y no necesito dos palabras para confirmarlo, que quieres morir.
Sé, mejor que tú y mejor que nadie de tu alrededor, que crees que esa persona ha muerto dentro de ti.
Sé, que te gustaría abandonarte al dolor.
Soy consciente de que tu mundo ha sufrido un cataclismo del que es complicado que se recupere. También, que se ha partido en dos...Debido a ello te has visto obligada a separar las piernas y a caer de improviso: De manera injusta, sin previo aviso y con las venas abiertas.
No hay nadie por las calles, sé que las ves vacías...Sé que se ha aposentado un nudo en tu garganta que te recuerda todos los días, de manera deliberada, que tienes las manos atadas. Levantas la mirada y no te es difícil comprobar que ni siquiera llueve. El sol parece haber huido, como el horizonte...El cual, ahora, tiene un límite.
Está tan bien definido que te da miedo porque no ves más allá.
Adorada Sam, no sientas miedo.
Levántate, Sam, has de hacerlo. Quizás no tengas manos que te ayuden a hincar las rodillas...Quizás no haya nadie que te ayude a enterrar el hacha. Quizás sientes que al abrir la boca, tus gritos no te escuchan. Tus ojos se llenan de lágrimas y cuando te las llevas las manos a las mejillas tus dedos han sido lamidos por la sangre.
Sin embargo, ¿Quién es Sam?
Sam es aquella que pone los ojos en el ordenador y no los despega hasta que sus manos no dejan de sentir el impulso de las palabras.
Sam es aquella que sonríe, y que espera tranquilizar a los demás.
Sam es aquella que la vió morir y que creyó morir con ella...Pero que sin embargo lo único que recibió fueron ganas de vivir.
No tengas miedo. Sé que crees que mereces tu felicidad ahora, sé que crees que mereces un poco, una pequeña dosis para subsistir.
Pero no la mereces.
Tal y como sé tantas cosas, sé que hay alguien que te está vigilando...Ese alguien quiere que padezcas y que aprietes los dientes.
¿Sabes porqué?
Porque, en un futuro, alzarás la cabeza y comprobarás que cada rayo de sol que te ciega lo has puesto tú en el cielo. Esas nubes que anuncian tempestad las has producido tú, es posible que con un suspiro...Tan sólo con respirar. Quizás porque te cansaste de un sol incesante.
Ahora te despiertas por las noches y te cuesta cerrar los ojos...Pero eso es ahora.
Tú bien sabes, como yo, que un día tendrás una casa para ti. Es posible que no puedas pegar ojo porque te despierten los ladridos de un perro, o por el inquieto movimiento de un pájaro deseando ser liberado de su jaula. Posiblemente por aquella mano que tanto deseas sobre tu cuerpo.
Algún día, alzarás la cabeza y te dolerá el rostro de sonreír. Algún día tu voz será compañera incondicional de un micrófono.
Algún día sabrás que ha merecido la pena tu sufrimiento durante este año, el siguiente, quizás el que viene...Probablemente durante media vida.
Olvídate del miedo, amiga, no necesitas ese miedo ni necesitas envidia ni coraje ante nadie. No necesitas papeles que te confirmen quién eres tú...Eres eso desde el primer momento en el que plasmaste una palabra en un papel, desde que los ojos de la gente del metro se posaban en ti divertidos al verte leer a una edad tan temprana, desde aquellas tardes muertas pensando en nuevos personajes, desde tu despertar y tu sueño día a día acompañada del murmullo de la radio, desde aquel día en el que cumpliste once años y se lo susurraste a un micrófono en directo.
¿Quién es Sam, pues?
Sam es, desde hace mucho tiempo, demasiado, lo que quiere ser. Porque esta impregnado en esa sangre que ha manchado sus dedos, en esa sangre que se ha esparcido por el suelo y en ese hacha que permanece clavada en la tierra, con el filo manchado de desesperación, de gritos de guerra.
Escúchame, Sam, léeme...No sientas miedo.
Yo sé lo que tú eres, y eso nunca va a cambiar. Tú vas a ser feliz.
miércoles, 13 de julio de 2011
/"En mi cumpleaños, chocolate con formas de animales"/
Es cierto que es imposible prometer.
Sería fácil cumplir ahora y complicado mantener después.
Sin embargo, prometo.
Es cierto que las decisiones cambian y las personas también. Las situaciones son variables además.
Pero, a pesar de todo ello, existe una pequeña figura, una silueta, que aunque pequeña, no hace más que golpear dentro de mi con insistencia. Delicadamente, sí, pero con perseverancia.
A esa silueta, a ese pequeño germen que crece dentro de mí día a día, le gusta tu manera de sonreír. Le gusta tu manera de mirar, tu manera de andar, tu manera de vivir la música, tu pasión por las palmeras de chocolate, tus ganas de vivir, tu aprecio por tus amigos, tus anéctodas de familia, tu manera de contar las cosas, tu comprensión, tu olor, tu sabor, tus manos, tu guitarra...Y sobre todo tu pasión por mí. Tus ganas de creer en mí y de comprenderme.
Dice que te quiere.
Dice que promete cumplirlo. Que promete no dejar de quererte.
¿Es demasiado, verdad?
Por eso solo habla ella, esa figura, aquella silueta que golpea las puertas de mi corazón.
Algún día dejará de ser una pequeña sombra y la convertirás en un ser fulgente de carne y hueso.
Sería fácil cumplir ahora y complicado mantener después.
Sin embargo, prometo.
Es cierto que las decisiones cambian y las personas también. Las situaciones son variables además.
Pero, a pesar de todo ello, existe una pequeña figura, una silueta, que aunque pequeña, no hace más que golpear dentro de mi con insistencia. Delicadamente, sí, pero con perseverancia.
A esa silueta, a ese pequeño germen que crece dentro de mí día a día, le gusta tu manera de sonreír. Le gusta tu manera de mirar, tu manera de andar, tu manera de vivir la música, tu pasión por las palmeras de chocolate, tus ganas de vivir, tu aprecio por tus amigos, tus anéctodas de familia, tu manera de contar las cosas, tu comprensión, tu olor, tu sabor, tus manos, tu guitarra...Y sobre todo tu pasión por mí. Tus ganas de creer en mí y de comprenderme.
Dice que te quiere.
Dice que promete cumplirlo. Que promete no dejar de quererte.
¿Es demasiado, verdad?
Por eso solo habla ella, esa figura, aquella silueta que golpea las puertas de mi corazón.
Algún día dejará de ser una pequeña sombra y la convertirás en un ser fulgente de carne y hueso.
miércoles, 6 de julio de 2011
Blue.
Soltó un gemido y se mordió el labio superior, dolorida.
Se cogió la otra mano y observó el dedo que palpitaba, lacerante.
Qué daño.
Sus ojos bajaron irremediablemente hacia el suelo en donde las gotas de sangre se posaban a ritmo casi cíclico en la alfombra. Al estallar contra ella se esparcían de manera milimétrica, formando una especie de silueta sicodélica.
Era precioso.
Pero el olor la mareaba...
¿Qué tontería era esa? ¿Es que acaso no era un simple corte en el dedo?
Alzó una ceja, interrogante. Sí, era pequeño, probablemente se curaría en unos días...Encerraría la herida en una tirita de color carne y cuando se la quitase ya no existiría. Pero cómo dolía.
Era punzante, insistinte...Y era consciente de que aunque fuese algo pequeño y tuviese solución, iba a repercutir en todas las cosas que hiciese más adelante: fregar, coger, limpiar...e incluso la propia curación le causaría molestias.
Gruñó, molesta y agarró el cuchillo de nuevo.
Era algo pequeño que podía causarle un gran daño...Quizás debía de intentar probar con una herida algo más grande. Se preguntó entonces si así, conseguiría que el dolor la cegase por completo.
Se cogió la otra mano y observó el dedo que palpitaba, lacerante.
Qué daño.
Sus ojos bajaron irremediablemente hacia el suelo en donde las gotas de sangre se posaban a ritmo casi cíclico en la alfombra. Al estallar contra ella se esparcían de manera milimétrica, formando una especie de silueta sicodélica.
Era precioso.
Pero el olor la mareaba...
¿Qué tontería era esa? ¿Es que acaso no era un simple corte en el dedo?
Alzó una ceja, interrogante. Sí, era pequeño, probablemente se curaría en unos días...Encerraría la herida en una tirita de color carne y cuando se la quitase ya no existiría. Pero cómo dolía.
Era punzante, insistinte...Y era consciente de que aunque fuese algo pequeño y tuviese solución, iba a repercutir en todas las cosas que hiciese más adelante: fregar, coger, limpiar...e incluso la propia curación le causaría molestias.
Gruñó, molesta y agarró el cuchillo de nuevo.
Era algo pequeño que podía causarle un gran daño...Quizás debía de intentar probar con una herida algo más grande. Se preguntó entonces si así, conseguiría que el dolor la cegase por completo.
viernes, 24 de junio de 2011
Triste pasado
Aunque no las veía, notaba el peso de sus dedos deslizarse sobre ellas. Escuchaba claramente el suave golpe estrellarse contra sus yemas. LLegaba a sus oídos el sonido de las teclas, sutil, el cual, sin embargo, resonaba por toda la casa.
Era increíble lo que podía hacer armada con sólo las teclas de aquel piano. Al menos era lo que pensaba Jhoan.
Abrió los ojos de par en par, esperanzada, como si el descompasado latir del piano le fuese a proporcionar algo que nunca había tenido.
Sin embargo, todo continúaba igual de negro; No siempre había sido así...Los colores habían llegado a formar parte de su vida tiempo atrás, cada vez con menos intensidad.
Se había replanteado muchas veces qué debía hacer con su vida. Muchas veces desde aquel momento y aquel día en el que le habían obligado a mirar a otro lado y le habían robado los sueños.
No obstante, no había llegado a encontrar una respuesta aún...Mientras tanto tocaba el piano, que era lo único que la transportaba a otra dimensión. En ese lugar no necesitaba que alguien la cogiese de la mano para caminar, y tampoco necesitaba dejarse guiar por los sonidos. Únicamente por el sonido del piano.
En ese lugar, Jhoan estaba tan ciego como lo estaba ella. En ese lugar, la acompañaba entre millones de fogonazos de colores que iban y venían, entre ríos sinuosos que se enredaban unos con otros entre las copas de los árboles, las cuales se contorsionaban desesperanzadas por no poder tocar el suelo.
En ese lugar...
La mano de su compañero la tocó el hombro y las teclas volvieron a su posición. Su puño, cerrado:
-Sam.- Escuchó que Johan pronunciaba su nombre:- Déjalo por hoy, hay que ir a comer.- Él se rió mientras se daba la vuelta:- Eres un poco idiota, ¿No? Ya te dije que podrías llegar a tocarla y que sólo debías practicar.- Ella asintió pesadamente. Notaba los dedos fríos. Se levantó con la misma parsimonia, y esperando que él no la viese deslizó una mano hacia atrás en busca de las cálidas teclas.
En su lugar notó que los dedos de Jhoan aferraban los suyos para levantarla.
Aquello producía pensamientos extraños en ella.
Muchas veces se había replanteado qué hacer con su vida y con sus sueños rotos, pero no había nada que supiese a ciencia cierta.
Quizás, simplemente, podía dar respuesta a qué era lo que la mano de Johan y las teclas del piano con su sonido retumbando por toda la casa tenían en común.
domingo, 12 de junio de 2011
Is the time of the season
Maldito Junio gris.
Parece encapotado, denso, pesado, negro, gris...abrumador.
Parece un junio apoteósico en el que nada puede salir bien.
Qué extraño que sólo te apetezca sentarte a escribir...¿No es curioso? ¿No es extraño que no esté bien?
Debería.
Es quizás la mejor época del año...Qué calor cuando atardece y que frío cuando se marcha. Se marcha y parece que me he ido con él...Parece que le he adelantado y que mis pies han dejado de tocar el suelo; Dando vueltas sobre mi misma he conseguido ascender hasta ese cielo densamente poblado de nubes...
Unas nubes que aseguran que lo han visto. También lo aseguran ellos, las personas que mejor me comprenden. Afirman que es verdad y yo sólo quiero un abrazo suyo...
Pero no lo obtengo. Como nunca obtengo lo que quiero.
Quizás es hora de cultivar mis propias decisiones...Quizás es hora de sembrar mis propios consejos...Únicamente dirigidos a mí.
Quizás es tiempo de olvidarse del corazón y recolectar mis propias pasiones.
Parece encapotado, denso, pesado, negro, gris...abrumador.
Parece un junio apoteósico en el que nada puede salir bien.
Qué extraño que sólo te apetezca sentarte a escribir...¿No es curioso? ¿No es extraño que no esté bien?
Debería.
Es quizás la mejor época del año...Qué calor cuando atardece y que frío cuando se marcha. Se marcha y parece que me he ido con él...Parece que le he adelantado y que mis pies han dejado de tocar el suelo; Dando vueltas sobre mi misma he conseguido ascender hasta ese cielo densamente poblado de nubes...
Unas nubes que aseguran que lo han visto. También lo aseguran ellos, las personas que mejor me comprenden. Afirman que es verdad y yo sólo quiero un abrazo suyo...
Pero no lo obtengo. Como nunca obtengo lo que quiero.
Quizás es hora de cultivar mis propias decisiones...Quizás es hora de sembrar mis propios consejos...Únicamente dirigidos a mí.
Quizás es tiempo de olvidarse del corazón y recolectar mis propias pasiones.
martes, 7 de junio de 2011
*La amistad es necesaria para una vida plena*
Aquel día alzó la cabeza y contempló el cristal bañado por el rocío de la mañana. Apenas se veía nada...No era el vaho lo único que empañaba su visión. Sus lágrimas tampoco es que ayudasen demasiado.
Las arrastró en un atisbo de indignación, las dejó caer sobre el escritorio y contempló con los ojos como platos como amanecía a través del cristal.
¿Qué narices era aquello rojo, anaranjado, amarillo, parpadeante, vibrante, lento, acariciador? Le acongojaba el pecho...Le hacía recordar aquellos días en los que iba y venía con él hacia aquel lugar que ella, al principio, no consideraba especial.
Apretó los dientes, sintiendo de nuevo aquella congoja, presa del pánico... Y entonces lo vio. A su derecha, el calendario. Con aquellas fotos. Parecían sacadas de un abismo infernal, volvían a presionarle el pecho...Parecían sacadas de un cielo terrestre, no muy lejano a aquel cuarto.
Quizás aquel cielo tenía alguna relación con el cuaderno negro que guardaba bajo el escritorio...Cualquiera que hubiese leído el título se hubiese precipitado a pensar en algo equivocado. No tenía nada que ver con la parca, sino más bien con una esperanza...Con una playa, quizás con un batido...Quizás con los brazos de alguien lejano a quien no se quiere soltar.
Para olvidar aquel camino, lento y pesado, aplacado por las tardes de verano estaban aquellos zapatos olvidados en un rincón anexionados al recuerdo de un sabor dulce...El sabor amargo de un café dulcificado por el gusto de la nata en el paladar.
Y en especial del chocolate, que de especial especial, no tenía nada para ella...Pero si recordaba el chocolate le era inevitable pensar en algunas tardes que había vivido tiempo atrás. Tampoco habían tenido nada de especial...Quizás había ido al cine, o había visto una serie en la que la otra persona no le había dejado concetrarse gracias a sus comentarios, esbozados mientras dos pares de ojos (los suyos y los de aquella persona) se posaban sonrientes e incrédulos en la pantalla.
El nudo en su garganta se desplazó al estómago cuando colocó ambas piernas sobre el escritorio, pensativa, mientras las agujas del reloj se desplazaban lentas y zigzagueantes. Allí estaban los apuntes... ¿Los quemaría?...Imposible. Hubiera sido días, mañanas y tardes vividas con él desperdiciadas. Los pupitres sin barras donde apoyar los pies y las risas sin sentido.
¿Cómo quemar eso? No podría aunque quisiera....Sería tan difícil como cerrar la pantalla de su ordenador y precipitarlo contra la ventana en busca de no leer más sus letras, en busca de no leer más acerca de sus locuras y de aquellos amantes prohibidos que te quieren más cuánto más irreales son...Sería tan complicado como quemar las historias que había puesto en marcha gracias a él. Los personajes que le habían gritado al oído hasta hacerle temblar y llorar de frustrración en el asiento...Por él.
Tan complicado como renunciar a aquellas tardes de cine, café, recuerdos o nuevas experiencias que, desde hacía poco, habían comenzado a surgir.
Cierto; Era un día realmente complicado.
Carraspeó y alzó la vista de nuevo, hacia el cristal, con los ojos secos, húmedos, vidriosos, neutros y vibrantes.
Tomó la pluma estilográfica que había dejado caer con desgana y que se había precipitado rodando hasta el borde del escriitorio, impulsada por aquellas lejanas tardes de verano que nada habían tenido de especial...
Y entonces algo impactó contra la hoja del papel.
¿Qué narices era aquello rojo, anaranjado, amarillo, parpadeante, vibrante, lento, acariciador?
¿Sus recuerdos? ¿Aquellas historias, aquellos apuntes, aquellas tardes vacías, aquellas series?...
Posiblemente; Entrecerró los ojos, intentando vislumbrar algo y entonces lo comprendió...Era más que eso, lo era todo. Todo lo que había en el mundo para ella.
Era el sol.
Las arrastró en un atisbo de indignación, las dejó caer sobre el escritorio y contempló con los ojos como platos como amanecía a través del cristal.
¿Qué narices era aquello rojo, anaranjado, amarillo, parpadeante, vibrante, lento, acariciador? Le acongojaba el pecho...Le hacía recordar aquellos días en los que iba y venía con él hacia aquel lugar que ella, al principio, no consideraba especial.
Apretó los dientes, sintiendo de nuevo aquella congoja, presa del pánico... Y entonces lo vio. A su derecha, el calendario. Con aquellas fotos. Parecían sacadas de un abismo infernal, volvían a presionarle el pecho...Parecían sacadas de un cielo terrestre, no muy lejano a aquel cuarto.
Quizás aquel cielo tenía alguna relación con el cuaderno negro que guardaba bajo el escritorio...Cualquiera que hubiese leído el título se hubiese precipitado a pensar en algo equivocado. No tenía nada que ver con la parca, sino más bien con una esperanza...Con una playa, quizás con un batido...Quizás con los brazos de alguien lejano a quien no se quiere soltar.
Para olvidar aquel camino, lento y pesado, aplacado por las tardes de verano estaban aquellos zapatos olvidados en un rincón anexionados al recuerdo de un sabor dulce...El sabor amargo de un café dulcificado por el gusto de la nata en el paladar.
Y en especial del chocolate, que de especial especial, no tenía nada para ella...Pero si recordaba el chocolate le era inevitable pensar en algunas tardes que había vivido tiempo atrás. Tampoco habían tenido nada de especial...Quizás había ido al cine, o había visto una serie en la que la otra persona no le había dejado concetrarse gracias a sus comentarios, esbozados mientras dos pares de ojos (los suyos y los de aquella persona) se posaban sonrientes e incrédulos en la pantalla.
El nudo en su garganta se desplazó al estómago cuando colocó ambas piernas sobre el escritorio, pensativa, mientras las agujas del reloj se desplazaban lentas y zigzagueantes. Allí estaban los apuntes... ¿Los quemaría?...Imposible. Hubiera sido días, mañanas y tardes vividas con él desperdiciadas. Los pupitres sin barras donde apoyar los pies y las risas sin sentido.
¿Cómo quemar eso? No podría aunque quisiera....Sería tan difícil como cerrar la pantalla de su ordenador y precipitarlo contra la ventana en busca de no leer más sus letras, en busca de no leer más acerca de sus locuras y de aquellos amantes prohibidos que te quieren más cuánto más irreales son...Sería tan complicado como quemar las historias que había puesto en marcha gracias a él. Los personajes que le habían gritado al oído hasta hacerle temblar y llorar de frustrración en el asiento...Por él.
Tan complicado como renunciar a aquellas tardes de cine, café, recuerdos o nuevas experiencias que, desde hacía poco, habían comenzado a surgir.
Cierto; Era un día realmente complicado.
Carraspeó y alzó la vista de nuevo, hacia el cristal, con los ojos secos, húmedos, vidriosos, neutros y vibrantes.
Tomó la pluma estilográfica que había dejado caer con desgana y que se había precipitado rodando hasta el borde del escriitorio, impulsada por aquellas lejanas tardes de verano que nada habían tenido de especial...
Y entonces algo impactó contra la hoja del papel.
¿Qué narices era aquello rojo, anaranjado, amarillo, parpadeante, vibrante, lento, acariciador?
¿Sus recuerdos? ¿Aquellas historias, aquellos apuntes, aquellas tardes vacías, aquellas series?...
Posiblemente; Entrecerró los ojos, intentando vislumbrar algo y entonces lo comprendió...Era más que eso, lo era todo. Todo lo que había en el mundo para ella.
Era el sol.
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