Mi fortaleza, mi entereza, mis ganas de quedar de pie se evaporan junto con el calor que dejan tus lágrimas sobre tus mejillas, una vez derramadas.
Cual guerrero que incendia sus puños en fuego , ensangrentando su alma con las huellas de la rabia, la pasión y la ceguera que produce la impotencia. Conozco el sentimiento de ese hombre que deja aletear las prendas que lleva colgadas al cuello y a los hombros contra el viento, sin miedo a perderlas,la neutralidad en sus ojos no es algo nuevo para mí; Parece que contempla una ciudad en ruinas, edificios derruidos por el impacto que generó contra ellos la risa sedienta de sangre escapando de los labios de la guerra. Parece que mira los cuerpos derretidos por el miedo a la muerte de miles de personas carbonizadas por las balas.
Parece que observa el mar siendo abatido por la energía de los rayos. Parece que se ha quedado intoxicado por los vapores del desasosiego, mirando sin ver, un campo que, habiendo sido cultivado antes, ahora es solo algo yermo y muerto debido a la enfermedad, a la sequía.
Y sin embargo, ese guerrero únicamente ha visto las lágrimas de aquella persona a la que desea proteger. Las lágrimas se deslizan por sobre sus mejillas, con amargura, y el dolor hace que aquel luchador, sea vencido y carcomido por sus propios fantasmas.
Ese dolor no es nada nuevo para mí.
Mis ganas de luchar son debidas a tus sueños, a tu alegría, a tu manera de hablar.
Y, a pesar de que aún no estoy preparada para ver tus lágrimas de nuevo, sé, como aquel hombre que aún no conoce todo de sí mismo pero que ansía el conocimiento, que algún día lo estaré.
Lo que sí tengo por seguro es que tus lágrimas van a ser contadas.
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