Cuando abrió los ojos, aún podía tocar con la yema de los dedos el sopor y la peliaguda atmósfera que recubre siempre los sueños.
Sentía frío. Era el tacto de la sábana en torno a su brazo y su espalda descubierta. No había rayo de luz alguno que se colase aún por el ventanuco de la pequeña habitación.
Bajó la cabeza, con cuidado de no hacer movimientos bruscos para no despertarle. Ni siquiera tenía ganas de ponerse a buscar la manta; Con el movimiento, la desesperación y el amor habría acabado, seguramente, tirada en el suelo sin cuidado.
Entonces notó que él a su espalda, se movía, obviamente soñando. Se separó un poco. El calor le había bajado desde el pecho hasta conseguir hacerla sudar. Quizás el frío repentino que había sentido no se debía a la madrugada, quizás era por otra cosa.
Notó como él se aproximaba, naturalmente por inercia, y la rodeaba con el brazo.
Entonces, volvió a cerrar los ojos y el día regresó a su memoria como a fotogramas y a una velocidad sobrehumana, como la de un atleta bien preparado.
Recordaba sus propios ojos vidriosos a causa del vídeo que habían hecho para ella, a causa de los dibujos.
Recordó los zapatos, los peluches, los papeles de regalo, las sonrisas, las cañas bien frías, los palillos chinos, la tarta plagada de fresas, los abrazos, sus besos.
Abrió los ojos y, entre la negrura de la habitación, se pudo distinguir a sí misma avanzando por la cabaña henchida de sensaciones. Hacía tantos años que no sentía aquel olor. Hacía tantos años que no sentía la lejanía de la ciudad.
Hacía tantos años que no se sentía...tan bien.
Y ahí estaba la luna de nuevo, como hacía unas horas, unos minutos, unos, ¿segundos?
No sabía calcular cuánto tiempo había pasado, tampoco tenía intención. Notaba su brazo rodearla, cálido. Era cálido, como lo eran sus manos sobre ella, o su aliento en su oreja susurrando palabras inconexas.
Junto a él era capaz de escuchar el sonido de una flauta de pan en las montañas, escuchaba el sonido de un piano resonando en una sala vacía, alcanzaba a ver el sol aunque éste todavía no hubiese salido.
Quizás aquellas imágenes eran producto de un sueño.
Pero qué bien se soñaba a su lado.
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