Parece un estanque rebosante de calma y de vida. Parece ser una ventana abierta a un cúmulo de agua cristalina.
Tus ojos verdes, lloran porque creen que haces las cosas mal. Tus ojos, estan equivocados en eso y en ver algo bueno en mi, príncipe.
Esta trovadora, sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Esta trovadora tiene los dedos cubiertos de ampollas porque no puede dejar de escribir, de tocar. Sus dedos mueren por tocar tu piel, sus dedos lloran sangre solo de imaginar tu piel lejos de ella, mueren de deseo por el solo hecho de imaginarte.
Esta trovadora sabe muy bien la luz que habita en tu interior. Sabe que todo lo que tus ojos claros miran, se vuelve del mismo color que tus lágrimas: cristalino, también húmedo, e indudablemente suave e inexperto. Puro. Aquello que miras parecerá pequeño y grande a la par, como una colina que se sabe más pequeña que las demás, o como la mano de un niño apoyada sobre una enorme superficie de arena.
Todo lo que tú tocas, todo lo que miras, es algo pequeño, destacante, llamativo, dulce, puro...Como tus lágrimas.
Y esta trovadora se estremece cada vez que ve llorar a su príncipe, no porque éste sea su soberano...Sino porque es de esa clase de gente humilde que piensa que algo tan valioso no debería ser derramado ni en un millón de años. Este humilde músico, esta humilde escritora cree que las lágrimas de su príncipe podrían dar de beber a docenas de personas sedientas en el desierto. Sin embargo, es demasiado cobarde como para asomarse siquiera a contemplarlas, y prefiere esconderse en las sombras.
Es tan cobarde, que prefiere refugiarse en su propia sombra, quizás pensar alguna frase con rima que escribir, mirar más allá de ti, y susurrar palabras de amor.
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