/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

viernes, 10 de febrero de 2012

Antología de la naturaleza

Si pudiera ser inmortal elegiría ser un pequeño bloque de hielo. Viviría observando el océano a través de millones de gotas frías incrustadas en mi cuerpo que harían las veces de ojos. Me quedaría muy quieta observando pasar los milenios disfrazados por olas. Temblaría ante los pasos de millones de animales, que me golpearían y lamerían mi piel compacta. No obstante, no podría sentir ningún dolor.
Si pudiera ser inmortal elegiría vivir y morir entre leños. Tendría como pasatiempo rozar con mi sinuosa lengua las maderas arrodilladas a mi alrededor hasta cambiar su color y su vida. Gastaría mi energía en bailar, repitiendo movimientos, en hacer danzar mis peligrosas manos a través de los troncos como si estos fueran las simples almas de los árboles y no su cuerpo y sustento. Mataría y arrasaría a mi paso mientras lágrimas de sal intentarían luchar impotentes contra mí. No obstante, no podría sentir ningún dolor.
Si pudiera ser inmortal elegiría ser capaz de enredarme en mí misma. Tendría unos brazos excesivamente largos y grandes, como radiactivos, y no tendría la necesidad de andar. Podría albergar dentro de mí el frío y el calor y transportarlos a ambos gracias al simple teclear de mis dedos al crear una historia.Colocaría mis pies invisibles sobre el mundo y me rompería las cuerdas vocales gritando cosas sin sentido hasta hacer temblar levemente la tierra, presa del pánico y de la inestabilidad. Me faltaría el cuerpo y me sobraría la esencia, y con solo soplar podría dejar claro mi odio, mi frustración y mis ilusiones barridas como hojas rotas.
No obstante, no podría sentir ningún dolor.
Si pudiera ser inmortal escogería que la tierra se buscase a sí misma a mi paso. La contemplaría rotar, sostenerse, volar sobre el universo y la oiría llorar cuando pare un árbol. Cargaría sobre mi espalda hemosos troncos y todos tendrían algo en común al tocar mis manos: Como bendecidos por una fuerza motriz, alzarían sus ramas al cielo sin necesidad de una sola gota de agua. Podría enterrar la cara entre los restos del barro, del fango y de los campos pobres sin vergüenza alguna para luego hincar la rodilla con fuerzas renovadas.
No obstante, no podría sentir ningún dolor.
Si pudiera ser inmortal escogería, sin duda ser dueña del bosque más pequeño del mundo.
Pienso en la idea de ahogarme en el mar más dentro y que ningún ser humano fuese capaz de percibir mis lágrimas.
Si fuese inmortal me haría dueña de todas estas contradicciones y crearía un mundo solamente para mi en el que solo pudieses entrar tú.
Sino pudiese morir mi mayor deseo, naturalmente, sería ser capaz de morir por ti.

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