/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

domingo, 18 de marzo de 2012




¿Quisieras perdonarme?
Últimamente, cada puerta que abro me lleva a otra más grande cuyo pomo me es imposible de alcanzar.
Antes las líneas que escribía parecían danzar por esas habitaciones selladas por pomos inaccesibles... Oscuras, sin dimensiones... Parecían letras, sin embargo, aún en sombras, capaces de encontrar la rendija de una ventana que diese a la calle, iluminada solo por farolas madrileñas. Por la luna. Por la luz de la luna. Por ti. Lo cual siempre me ha dado esperanzas. A mí, a mis párrafos, a mis líneas de letras desesperanzadas en busca de una humilde esperanza.
No pretendo con esto darte pena, ni mucho menos. Cada día que amanezco me doy más cuenta que nadie de mi alrededor tiene razón, que seguramente tú y yo nos hayamos intercambiado los papeles...Que sea yo una media luna, quien alumbre en la oscuridad de manera atenuada protegiendo destellos refulgentes de cuchillos y sonrisas alcoholizados de los que buscan un estado alterado de conciencia, y tú seas el sol que con solo extender un brazo ilumina medio hemisferio del planeta, deseado desde la antigüedad y venerado por líneas de poetas que soñaron con el infierno y a quien yo tengo mucho que envidiar.
Pretendo, solo, que me perdones porque me he dado cuenta de que con mis miedos, mis inseguridades, nunca voy a conseguir que te quedes. Millones de personas, solo aquellos que han podido ver más allá de la realidad, han deseado construir una enorme cuerda y robar la inmensidad del sol para quedársela para sí. Yo,sin embargo, no podría inventar una cuerda ni los materiales suficientes para construirla como para que te quedases. No pretendo eso.
Pretendo solo aclararte que sé que estoy construyendo un boquete entre tú y yo. Que aquí la única culpable de que eso se ensanche soy yo. 
Pretendo pedirte perdón porque no voy a tener la suficiente fuerza en las manos como para cerrar lo que ya he abierto... Decirte que si te vas, plantaré un huerto entero de rosas cherokee y derramaré sobre ellas lágrimas negras, como le corresponde a la noche, esperando a que vuelvas.
Decirte que si me perdonas por todo esto el tiempo del que dispongo y yo afilaremos flechas para acabar con puntas afiladas que rozan las venas, frustraciones y días vacíos.
¿Quisieras perdonarme?
No quiero imaginarme una noche sin ti. No sería capaz de iluminarla.

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