/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

jueves, 11 de agosto de 2011

Hallelujah

La noche cerrada escondía las calles. Cubría todo, por todas partes...Separaba su piel de su propio ser. Se sentía más unida a aquella honda oscuridad que a ella misma.
¿A qué demonios olía aquel callejón, aquella esquina donde tenía apoyada la espalda?
Olía a alcohol rancio. Quizás no era la botella rota y esparcida por el suelo...Quizás era el tipo que se aproximaba hacia ella.
Tipo: aquella palabra estaba llena de conjeturas...Era sólo una sombra que se perfilaba contra la oscuridad. Negro dentro de otra capa de negro, al igual que sucedía con su corazón.
La silueta murmuró algo cuando pasó por su lado. Ella cerró los ojos... Notó incluso, como la mano húmeda y pegajosa de aquella persona la tocaba el hombro.
Abrió los ojos y encontró que la silueta se alejaba hasta encontrarse con la figura del callejón. Encontró que, simplemente y muy probablemente, había sido un amargo deseo. Un vago reflejo de su propia imaginación que, aún lúcida y a pesar de la embriaguez, anhelaba ser tocada para poder renacer.
Porque, días, meses, años atrás, la imaginación era lo único que era capaz de salvarla de la realidad.
Extendió los brazos y bajó la mirada intentando vislumbrarlos, sin éxito.
Intuía, sin embargo, los regueros de sangre que aún fluían por ellos...Estaban comenzando a secar
La imaginación, antiguamente, conseguía rescatarla del vacío, de la insatisfacción, de la angustia, de la desesperación. Ahora, sin embargo, con las venas llenas de heroína y el rostro perlado por aquella oscuridad naciente de la mala ilunimación de las calles de Madrid, su imaginación, sus libros, habían muerto para siempre.
Y sin ello, el fin. Porque era su imaginación quien la despertaba, la rescataba...La dejaba prisionera, la empujaba hacia delante y la separaba de los dedos de la muerte, que todas las noches, al tratar de agarrarla la dejaba moretones irregulares en los brazos.
Por aquellos brazos por los cuales, ahora, solo fluía sangre, cada vez más lenta.
De pronto, como si Dios hubiese concertado una cita con su cerebro, un relámpago iluminó las calles de la ciudad, dejando la oscuridad por un breve y enloquecedor segundo.
Y de pronto se encendieron millones de velas sujetas a ninguna parte, una música ensordecedora y brillante ascendió y descendió desde el cielo mismo, atronadora, millones de sombras se entremezclaron y se complementaron para dejar paso a la luz... Quizás era la droga.
O quizás era que había comenzado a llover.
Aquella lluvía caía sobre su rostro, lo hacía parecer más frágil de lo que ya era. Se deslizaba por sobre sus mejillas, caía al suelo, le empapaba la ropa, se fusionaba con su sangre...La limpiaba por dentro. Era demasiado fuerte. Podía con su cuerpo, la derrumbaba sobre el pavimento del callejón, podía con su corazón.
La hacía llorar, la hacía derramar lágrimas, amargas lágrimas, como nunca había expirado.
La hacía vivir, por fin; La hacía morir.

1 comentario:

  1. Los ojos me arden, no siento el corazón, ya que cada renglón se volvía mas y mas y mas pequeño. Mis miembros están adormecidos, mi cerebro confundido, mis sentidos maravillados y mis lagrimas apenadas.
    ¿por qué?, dime por favor, como puedes llegar a hacer que me sienta tan solo como ella. Lloro, tengo miedo. La sensación de la droga sube por mi sangre. "¿Cómo?" pienso yo. No hay fundamentos biológicos, químicos, científicos... Porque la frustración de ella se convierte en mía. Por qué!!!. Quiero cargar su peso entre lo dos, pero no puedo, ella está sola y por lo tanto yo también. La sombra, la muerte, el miedo, la desconfianza. ¿Por qué se acerca? ¿Qué busca? ¿Es real?. Me siento abandonado, no debería decir que se siente abandonada. Pero yo también. Libros, fantasías, sueños... Ya no hay, no se encuentran, no los veo, no los ve. Velas, espíritus, calma... Tristeza y alegría, no luchan por conquistar mi corazón pues ambas se conjuntan y encogen mi corazón, para mi sangre, detienen mi cerebro adormecen mi sentidos, queman mis ojos y expulsan estas lagrimas.

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