Soltó un gemido y se mordió el labio superior, dolorida.
Se cogió la otra mano y observó el dedo que palpitaba, lacerante.
Qué daño.
Sus ojos bajaron irremediablemente hacia el suelo en donde las gotas de sangre se posaban a ritmo casi cíclico en la alfombra. Al estallar contra ella se esparcían de manera milimétrica, formando una especie de silueta sicodélica.
Era precioso.
Pero el olor la mareaba...
¿Qué tontería era esa? ¿Es que acaso no era un simple corte en el dedo?
Alzó una ceja, interrogante. Sí, era pequeño, probablemente se curaría en unos días...Encerraría la herida en una tirita de color carne y cuando se la quitase ya no existiría. Pero cómo dolía.
Era punzante, insistinte...Y era consciente de que aunque fuese algo pequeño y tuviese solución, iba a repercutir en todas las cosas que hiciese más adelante: fregar, coger, limpiar...e incluso la propia curación le causaría molestias.
Gruñó, molesta y agarró el cuchillo de nuevo.
Era algo pequeño que podía causarle un gran daño...Quizás debía de intentar probar con una herida algo más grande. Se preguntó entonces si así, conseguiría que el dolor la cegase por completo.
no se que poner.... me has dejado helado.... triste, solo un pequeño corte... Pero duele. No quiero que se corte todo el dedo. Porque no dejará de doler simplemente dolerá más en otra parte. Uff no sabes como me has dejado. Triste melancólico.
ResponderEliminarSiempre estaré aquí para ti. Soy tu nono.