/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

lunes, 15 de agosto de 2011

Cumpleaños marzo, agosto.

Apoyados en la mesa, de cualquier manera el tiempo pasaba despacio y rápido al mismo tiempo. Reían, de vez en cuando, se preguntaban dónde podrían estar los demás.
Cogió el móvil y llamó.
5 minutos.
Sonrió, rió, se desternilló...Pero ahí estaba aquel chaval, con ella, en la barra, como dos espejismos fusionados en uno, con sus bocas rozándose, haciendo astillas su corazón...
La entrada de sus amigos la hizo adelantar un poco su cabeza, su ser, sus intenciones. La hizo volar el tontear con ellos, como antes...Pero él detuvo el tiempo de nuevo.
Uno de sus amigos volvía del otro rincón del bar con una cara extraña. Quizás de circunstancias:
"Alguien por ahí detrás pregunta que si tienes novio"...Suspiro. No era el mejor día para aquello. Ni siquiera sentía el esperado llamar del ego dentro de su pecho, su afán de su superioridad, su egoísmo. Sólo quería cerrar los ojos y dejar de escuchar.
Hubo idas y venidas. Hubo una presentación, hubo dos besos, quizás una palabras amables... Y después a volver a reír con Sara. ¿Quizás aquellas eran falsas, vacías?...Era posible, ya no es capaz de recordar aquello.
Lo único que puede recordar es girarse debido a una voz casi desconocida y amable que le murmuró:
"Eh, que te están hablando"
Recuerda sus dos preguntas, que, ahora, considera esenciales. Entonces, alzó las cejas y se lamentó del pobre chaval que estaba ante ella esperando que fuese capaz de asentir.
Ella no quería otros labios, ni otras manos, y no pensaba que fuese a cambiar nunca más...Ahora, reconoce, que no quiere otros labios ni otras manos que las de aquel pobre chaval que bebió de su anuk, que se quedó plantado ante ella con la espalda rozando la columna que partía el garito en dos, que la sonrió y la habló de música, que la ofreció dormir junto a él, que la ofreció pasar un buen rato.
Reconoce que guarda con cariño sus propios labios contra su mejilla, gesto que dejó únicamente de testigo el sonoro beso que solo ella pudo escuchar y que la música se encargó de tapar.
Él no esperaba eso, y eso era lo máximo que ella estaba dispuesta a darle.
Ahora reconoce, sin embargo, que sería capaz de dar hasta la última gota de vida por aquel pobre chaval que, comenzando por un trago de anuk y un intento de beso, logró hacerla olvidar.

1 comentario:

  1. un día que cambió tu vida... quien te lo diría... no?. Me alegro que al final olvidarás, hay cosas que es mejor no recordar.

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