/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

viernes, 26 de agosto de 2011

La aventura enterna

Matt:

Como algo externo a ti, te diré, que veo aquello que te recubre completamente.
Como algo interno a ti, te diré, que soy consciente de lo metido que estás en esa espiral.
¿De qué color es?
Negra , podría decir cualquiera al que le gustasen las similitudes fáciles, la comparaciones entre los problemas y la oscuridad.
Yo, como cualquier otra persona que haya estado dentro, diría que es multicolor. Esto es debido a que cada día es de un color, cada día te sumerge en un universo distinto...Hay días en los que te hace levantarte de la cama con una sonrisa, hay noches en las que lloras, hay días en los que te levantas porque tus piernas te han obligado y tu cerebro las ha obligado a ellas, hay noches en las que duermes por puro agotamiento...
Sin embargo, y a pesar de esto, todos los días tienen un mismo tinte: Todo tiene tan poco sentido.
Enredas los dedos y mesas tu cabello en busca de alguna sensación que sea más fuerte que el dolor, que la impotencia. Buscas algo afilado que juntar con tu sangre. Buscas a alguien con unas manos cálidas que sostengan tus lágrimas y a quien no se le escurran entre los dedos.
Todo eso no existe. Sólo hay cabida para la desesperación en tu pecho.

No obstante, déjame decirte, Matt, que todo esto es una ilusión. Todo eso que tú ves ahora, todo eso que no ves, ha sido creado por un ser más inteligente que tú y que yo. Has sido rocíado por unos polvos, como bien te he dicho, multicolores, que crean en ti falsas sensaciones de desesperanza. Aquel hada que está intentando escapar de ti solo quiere que madures, que crezcas, que aprendas, por eso pretende confundirte. Ese hada que es tu destino tiene una misión clara, y es que la persigas: Para ello te pondrá pedruscos enormes en el camino, cortará los puentes y te dejará sin energías.
Pero has de seguirla porque siempre, de alguna o de otra manera, verás su cola.
Has de seguirla porque te merece la pena, porque así es la vida.
Es la aventura eterna. Tu aventura eterna.
~~

jueves, 25 de agosto de 2011

16

Cuando abrió los ojos, aún podía tocar con la yema de los dedos el sopor y la peliaguda atmósfera que recubre siempre los sueños.
Sentía frío. Era el tacto de la sábana en torno a su brazo y su espalda descubierta. No había rayo de luz alguno que se colase aún por el ventanuco de la pequeña habitación.
Bajó la cabeza, con cuidado de no hacer movimientos bruscos para no despertarle. Ni siquiera tenía ganas de ponerse a buscar la manta; Con el movimiento, la desesperación y el amor habría acabado, seguramente, tirada en el suelo sin cuidado.
Entonces notó que él a su espalda, se movía, obviamente soñando. Se separó un poco. El calor le había bajado desde el pecho hasta conseguir hacerla sudar. Quizás el frío repentino que había sentido no se debía a la madrugada, quizás era por otra cosa.
Notó como él se aproximaba, naturalmente por inercia, y la rodeaba con el brazo.
Entonces, volvió a cerrar los ojos y el día regresó a su memoria como a fotogramas y a una velocidad sobrehumana, como la de un atleta bien preparado.
Recordaba sus propios ojos vidriosos a causa del vídeo que habían hecho para ella, a causa de los dibujos.
Recordó los zapatos, los peluches, los papeles de regalo, las sonrisas, las cañas bien frías, los palillos chinos, la tarta plagada de fresas, los abrazos, sus besos.

Abrió los ojos y, entre la negrura de la habitación, se pudo distinguir a sí misma avanzando por la cabaña henchida de sensaciones. Hacía tantos años que no sentía aquel olor. Hacía tantos años que no sentía la lejanía de la ciudad.
Hacía tantos años que no se sentía...tan bien.
Y ahí estaba la luna de nuevo, como hacía unas horas, unos minutos, unos, ¿segundos?
No sabía calcular cuánto tiempo había pasado, tampoco tenía intención. Notaba su brazo rodearla, cálido. Era cálido, como lo eran sus manos sobre ella, o su aliento en su oreja susurrando palabras inconexas.
Junto a él era capaz de escuchar el sonido de una flauta de pan en las montañas, escuchaba el sonido de un piano resonando en una sala vacía, alcanzaba a ver el sol aunque éste todavía no hubiese salido.
Quizás aquellas imágenes eran producto de un sueño.
Pero qué bien se soñaba a su lado.

lunes, 15 de agosto de 2011

Cumpleaños marzo, agosto.

Apoyados en la mesa, de cualquier manera el tiempo pasaba despacio y rápido al mismo tiempo. Reían, de vez en cuando, se preguntaban dónde podrían estar los demás.
Cogió el móvil y llamó.
5 minutos.
Sonrió, rió, se desternilló...Pero ahí estaba aquel chaval, con ella, en la barra, como dos espejismos fusionados en uno, con sus bocas rozándose, haciendo astillas su corazón...
La entrada de sus amigos la hizo adelantar un poco su cabeza, su ser, sus intenciones. La hizo volar el tontear con ellos, como antes...Pero él detuvo el tiempo de nuevo.
Uno de sus amigos volvía del otro rincón del bar con una cara extraña. Quizás de circunstancias:
"Alguien por ahí detrás pregunta que si tienes novio"...Suspiro. No era el mejor día para aquello. Ni siquiera sentía el esperado llamar del ego dentro de su pecho, su afán de su superioridad, su egoísmo. Sólo quería cerrar los ojos y dejar de escuchar.
Hubo idas y venidas. Hubo una presentación, hubo dos besos, quizás una palabras amables... Y después a volver a reír con Sara. ¿Quizás aquellas eran falsas, vacías?...Era posible, ya no es capaz de recordar aquello.
Lo único que puede recordar es girarse debido a una voz casi desconocida y amable que le murmuró:
"Eh, que te están hablando"
Recuerda sus dos preguntas, que, ahora, considera esenciales. Entonces, alzó las cejas y se lamentó del pobre chaval que estaba ante ella esperando que fuese capaz de asentir.
Ella no quería otros labios, ni otras manos, y no pensaba que fuese a cambiar nunca más...Ahora, reconoce, que no quiere otros labios ni otras manos que las de aquel pobre chaval que bebió de su anuk, que se quedó plantado ante ella con la espalda rozando la columna que partía el garito en dos, que la sonrió y la habló de música, que la ofreció dormir junto a él, que la ofreció pasar un buen rato.
Reconoce que guarda con cariño sus propios labios contra su mejilla, gesto que dejó únicamente de testigo el sonoro beso que solo ella pudo escuchar y que la música se encargó de tapar.
Él no esperaba eso, y eso era lo máximo que ella estaba dispuesta a darle.
Ahora reconoce, sin embargo, que sería capaz de dar hasta la última gota de vida por aquel pobre chaval que, comenzando por un trago de anuk y un intento de beso, logró hacerla olvidar.

jueves, 11 de agosto de 2011

Hallelujah

La noche cerrada escondía las calles. Cubría todo, por todas partes...Separaba su piel de su propio ser. Se sentía más unida a aquella honda oscuridad que a ella misma.
¿A qué demonios olía aquel callejón, aquella esquina donde tenía apoyada la espalda?
Olía a alcohol rancio. Quizás no era la botella rota y esparcida por el suelo...Quizás era el tipo que se aproximaba hacia ella.
Tipo: aquella palabra estaba llena de conjeturas...Era sólo una sombra que se perfilaba contra la oscuridad. Negro dentro de otra capa de negro, al igual que sucedía con su corazón.
La silueta murmuró algo cuando pasó por su lado. Ella cerró los ojos... Notó incluso, como la mano húmeda y pegajosa de aquella persona la tocaba el hombro.
Abrió los ojos y encontró que la silueta se alejaba hasta encontrarse con la figura del callejón. Encontró que, simplemente y muy probablemente, había sido un amargo deseo. Un vago reflejo de su propia imaginación que, aún lúcida y a pesar de la embriaguez, anhelaba ser tocada para poder renacer.
Porque, días, meses, años atrás, la imaginación era lo único que era capaz de salvarla de la realidad.
Extendió los brazos y bajó la mirada intentando vislumbrarlos, sin éxito.
Intuía, sin embargo, los regueros de sangre que aún fluían por ellos...Estaban comenzando a secar
La imaginación, antiguamente, conseguía rescatarla del vacío, de la insatisfacción, de la angustia, de la desesperación. Ahora, sin embargo, con las venas llenas de heroína y el rostro perlado por aquella oscuridad naciente de la mala ilunimación de las calles de Madrid, su imaginación, sus libros, habían muerto para siempre.
Y sin ello, el fin. Porque era su imaginación quien la despertaba, la rescataba...La dejaba prisionera, la empujaba hacia delante y la separaba de los dedos de la muerte, que todas las noches, al tratar de agarrarla la dejaba moretones irregulares en los brazos.
Por aquellos brazos por los cuales, ahora, solo fluía sangre, cada vez más lenta.
De pronto, como si Dios hubiese concertado una cita con su cerebro, un relámpago iluminó las calles de la ciudad, dejando la oscuridad por un breve y enloquecedor segundo.
Y de pronto se encendieron millones de velas sujetas a ninguna parte, una música ensordecedora y brillante ascendió y descendió desde el cielo mismo, atronadora, millones de sombras se entremezclaron y se complementaron para dejar paso a la luz... Quizás era la droga.
O quizás era que había comenzado a llover.
Aquella lluvía caía sobre su rostro, lo hacía parecer más frágil de lo que ya era. Se deslizaba por sobre sus mejillas, caía al suelo, le empapaba la ropa, se fusionaba con su sangre...La limpiaba por dentro. Era demasiado fuerte. Podía con su cuerpo, la derrumbaba sobre el pavimento del callejón, podía con su corazón.
La hacía llorar, la hacía derramar lágrimas, amargas lágrimas, como nunca había expirado.
La hacía vivir, por fin; La hacía morir.