/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

viernes, 24 de junio de 2011

Triste pasado


Aunque no las veía, notaba el peso de sus dedos deslizarse sobre ellas. Escuchaba claramente el suave golpe estrellarse contra sus yemas. LLegaba a sus oídos el sonido de las teclas, sutil, el cual, sin embargo, resonaba por toda la casa.
Era increíble lo que podía hacer armada con sólo las teclas de aquel piano. Al menos era lo que pensaba Jhoan.
Abrió los ojos de par en par, esperanzada, como si el descompasado latir del piano le fuese a proporcionar algo que nunca había tenido.
Sin embargo, todo continúaba igual de negro; No siempre había sido así...Los colores habían llegado a formar parte de su vida tiempo atrás, cada vez con menos intensidad.
Se había replanteado muchas veces qué debía hacer con su vida. Muchas veces desde aquel momento y aquel día en el que le habían obligado a mirar a otro lado y le habían robado los sueños.
No obstante, no había llegado a encontrar una respuesta aún...Mientras tanto tocaba el piano, que era lo único que la transportaba a otra dimensión. En ese lugar no necesitaba que alguien la cogiese de la mano para caminar, y tampoco necesitaba dejarse guiar por los sonidos. Únicamente por el sonido del piano.
En ese lugar, Jhoan estaba tan ciego como lo estaba ella. En ese lugar, la acompañaba entre millones de fogonazos de colores que iban y venían, entre ríos sinuosos que se enredaban unos con otros entre las copas de los árboles, las cuales se contorsionaban desesperanzadas por no poder tocar el suelo.
En ese lugar...

La mano de su compañero la tocó el hombro y las teclas volvieron a su posición. Su puño, cerrado:
-Sam.- Escuchó que Johan pronunciaba su nombre:- Déjalo por hoy, hay que ir a comer.- Él se rió mientras se daba la vuelta:- Eres un poco idiota, ¿No? Ya te dije que podrías llegar a tocarla y que sólo debías practicar.- Ella asintió pesadamente. Notaba los dedos fríos. Se levantó con la misma parsimonia, y esperando que él no la viese deslizó una mano hacia atrás en busca de las cálidas teclas.
En su lugar notó que los dedos de Jhoan aferraban los suyos para levantarla.
Aquello producía pensamientos extraños en ella.
Muchas veces se había replanteado qué hacer con su vida y con sus sueños rotos, pero no había nada que supiese a ciencia cierta.
Quizás, simplemente, podía dar respuesta a qué era lo que la mano de Johan y las teclas del piano con su sonido retumbando por toda la casa tenían en común.

2 comentarios:

  1. Precioso, llevo prácticamente desde que lo subiste escribiendo y borrando porque no se que poner. Incluso esto me sigue pareciendo efímero.
    Sam... y Johan(o Jhoan, esta escrito de las dos formas :P) Por qué? por qué siempre tengo ganas de llorar al leerlo. Sueños, los sueños no se terminan hasta cumplirlos, pueden llegar a ser complicados y complicarse aun más. Pero solo acabará cuando se hallan cumplido. Qué siga tocando el piano, pues no es de cobardes descansar, sino de inteligentes ya que pelearán con más fuerza. Hay belleza en tus dedos, en ti Sam, en ti Charo. Hay belleza en las 2, como una sola. Las tormentas pasan, y cuando vuelva a relucir el sol brillarán eso ojos verdes miel. Brillaran tanto que lloraré de alegría. Como lloraría cualquier enamorado por su propio corazón, que ya no es suyo. Todo porque la felicidad de esa persona, es y será lo más importante.

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  2. Joder Sam, te has pasado metiendo emotividad al texto.
    Me ha encantado, me ha gustado el personaje de Johan, el cual supongo que estará basado en un personaje real.
    Encuentro en la manera que narras esto algo diferente, no había visto algo así hacía tiempo...
    Se nota que tus palabras surgieron del corazón a medida que escribías, o quedaría aún mejor, pulsabas las teclas; haciendo referencia a ese fantástico piano que haces que imagine y clave su sintonía en mi cerebro.
    Me ha parecido tan genial que me gustaría saber más de estos personajes, ¿habrá continuación?
    Porque tiene toda la pinta de ser un relato con un precioso final. Y por qué no decirlo, intrigante.

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