/ Cabalgando a lomos de una estrella rota /

viernes, 18 de enero de 2013

Qué inequívoco es este sentimiento. Que me da a pensar que puedo quererte sin impedimentos. Te conozco de siempre y llegaste hace un rato. Te escribo y te retrato. Pero, ¿Acaso tú me escribes? ¿Acaso sabes como soy yo de cuerpo para dentro? ¿Acaso si me fuese creerías verme en las sonrisas de los niños? ¿En las páginas de los libros? ¿Te sentarías junto a una cristalera de tren a escuchar mi música para entender porqué me he ido? ¿Te quitaría el sueño un programa de radio por procurar oír mi voz o sentir mi atención en sus voces? ¿Verías mis ojos verdes en sus ficticios ojos claros? ¿Me pedirías que volviese aunque no pudieses utilizar las palabras? ¿Acaso deseas rozar mi cuerpo, quizá mi alma? ¿Piensas, tal vez, que cada cosa que sabes de mí es insuficiente? Puede ser que se me acabe la prosa. Algún día me cansaré de fingir que se que me quieres. Y cuando ese día llegue, me llevaré mis libros, mis páginas escritas, mi honor, mi música, mi aguante, mi perdido sheriff y mi amor. ¿Sentirás entonces?